jueves, 24 de diciembre de 2009

CAPITULO fINAL_54_



Cinco años Después…

Una ola y otra se arrastraban a través de la arena acariciándome los pies, acompañadas de una suave brisa que golpeaba mi rostro mientras mi corazón reposaba en calma disfrutando la sensación de estar viva.
Sonreí al percibir que unos pasos custodiados por otros más tenues se acercaban lentamente hacia mí, y los conocía perfectamente a medida que pisaban la arena húmeda.
Estaba lista cuando él decidiera pillarme por sorpresa, de ello estaba segura, le gustaba tomarme desprevenida, así que hice como si nada pasara y esperé, hasta que sus pequeñas y tiernas manos cubrieron mis ojos y dejó escapar una pequeña risa contenida.


— ¿Quién soy? —lo escuché susurrar con voz juguetona.
—Mmm… ¿Un ángel? —adiviné
—No —susurró con tono cantarín.


Acaricié sus manos por encima de mis ojos.


—Esa voz y estas manos…sólo pueden ser las de un ángel…
—Pero yo no soy un ángel —replicó con inquietud.
—Claro que sí —atrapé sus pequeños brazos sin poder contener el deseo de estrecharlo contra mí y cargarlo de besos —Mi Matty, un ángel atrapado en el cuerpo de un pequeñín muy lindo.


Reía mientras lo abrazaba, exponiendo dos hermosos hoyuelos en ambos lados de sus mejillas, similares a las de su padre…


—Te quiero Matty.
—Yo también —repitió.


Por un momento me refugié en el recuerdo de Tom, comprimiendo más fuerte a Matty contra mí y por unos instantes sentí el eco de su voz susurrar en mi oído, pero lo sentía dentro de mi corazón…en lo más profundo.


" No importa que pase después, recuerda que estaremos unidos"


Cerré los ojos con nostalgia, embriagándome con el aroma de los cabellos de Matty… aferrándome al lazo que me unía a Tom, mientras Matty se mecía en mis brazos, riendo alegremente y el viento revoloteaba sus cabellos color avellana y rozaba su rostro infantil.


— ¿Cómo sabías que era yo? —preguntó Matty distanciándose de mí un poco y frunciendo las cejas —Si no me viste.
—Pero te sentí —respondí, observando maravillada sus ojos castaños que proyectaban una mirada curiosa, seguidamente me dedicó un sonrisa y
se deshizo de mis brazos con gracia, dirigiendo sus pasos hacia Bill que lo esperaba con los brazos extendidos para levantarlo en volandas.


Afirmé las manos sobre la arena contemplando aquel espectáculo a cielo abierto, inmersa en las risas chispeantes de Matty, que se refugiaban en mis oídos como una agradable melodía, acompañadas de la voz inconfundible de Bill, que hacía que el corazón latiera con más ímpetu, aún teniéndolo a pocos metros.


Bill me extendió la mano, me habría quedado encantada deleitándome con ellos dos jugar a construir castillos en la arena, pero los rayos del sol se volvían cada vez más tenues y el sol descendía lentamente en el fondo del infinito mar.


— ¿Me das la mano?— sugirió Bill y yo le tendí la mía.


Hacia mucho tiempo que no lo escuchaba preguntar aquello, hacía cinco años…y lo recordaba perfectamente, siempre lo hacia cuando hacíamos las pases, pero esta vez era diferente, lo necesitaba.


Con su mano aferrada a la mía y con la mirada fija en mis ojos, me apegó hacia él, rodeándome por la cintura y apoyando su boca a mi oído, no me explicaba porqué a pesar de los años y de acostumbrarme a la idea de verlo todas las mañanas aún me temblaban las piernas.


—Dime que sientes —susurró.


Apoyé mi cabeza contra su pecho, mientras él me envolvía y yo entrecerraba los ojos para escuchar los latidos de su corazón que se mezclaban con los murmullos del ir venir de olas. Después de un breve espacio de tiempo alcé los ojos y me quedé quieta mientras buscaba un punto de encuentro entre nuestras miradas, y aproximé mis labios hacia los suyos presionándolos con sutileza, ese momento era sólo de los dos, y sus besos me pertenecían, como los míos a los de él.


—Es lo que siento…—susurré por encima de sus labios.


Entonces se volvió hacia mí y nuestras miradas se reencontraron. Su rostro se iluminó en una sonrisa, y levantó la mano para acariciar mi cabello. Aquella sensación extraña se impuso por cada rincón de mi cuerpo y las ganas de desmoronarme en sus brazos dominaron mi voluntad, pero él afirmó con firmeza sus brazos alrededor de mi cintura y me inclinó hacia él, susurrando “te quiero” por encima de mi cabeza.
Después de ello enredó sus dedos en mi cabello y me atrapó en un beso.


Confieso que alguna vez me figuré mi futuro de un modo diferente, y me preguntaba cuán pequeño a cuán grande eran aquellos deseos comparados con mi presente ¿mejor quizás? volví la mirada hacia él y sonreí para mis adentros…no lo sabía y tampoco lo quería averiguar.


Comencé a recordar cuánto es que adoraba despertar en las mañanas y sentir a Bill junto a mí, rodeándome, y después el gritito de Matty viniendo hacia nosotros, para contar sus sueños, su risa ante lo más sencillo acompañadas por el brillo inocente de sus ojos, mientras nosotros lo escuchábamos con fascinación.
Después Matty sumido en las melodías de su guitarra, el cariño que ponía cuando deslizaba sus dedos por cada una de las cuerdas y punteaba alguna melodía. —Genial.


El murmullo de las olas se mezcló con la voz cantarina de Matty que canturreaba para sus adentros.
Estaba de rodillas sobre la arena, dando los últimos detalles a su castillo, en realidad eran dos, uno más grande que el otro. Chasqueó la lengua y miró con cuidado su obra y luego se levantó con una sonrisa satisfecha en los labios.


— ¿Te gusta? —Preguntó dirigiéndose a mí.


Me incliné para mirar con detenimiento sus castillos de arena.


— Una construcción muy buena Matty, me encanta — susurré. —Lo has hecho muy bien cariño—añadí dedicándole una amplia sonrisa. —Ummm veo que hiciste dos.
—Papá me ayudó con el más grande. —alzó la mirada hacia Bill, con una sonrisa agradecida, a la cual Bill correspondió con una pequeña palmadita en sus hombro.
— ¿Así? —dije mirándolo también.
—Porque el otro era muy pequeño para todos nosotros. —dijo señalando el más pequeño.
— ¿Todos? —pregunté curiosa.


Entonces Matty se puso en plan de profesional de la construcción y me explicó con detalles sus propósitos.


—Y este castillo— señaló el más pequeño— es para el tío Georg porque me regaló una guitarra nueva.


Reí.


Georg se había empeñado en ayudar a Matty con el arte de tocar la guitarra y disfrutaba de sus tiempos libres haciéndolo, me preguntaba si alguna vez Alyson —su novia—sentía celos por tantas atenciones hacia Matty.
Y Gustav, bueno…era un amor dando lecciones de cómo deslizar las baquetas a las cuales Matty disponía toda su atención y practicaba con perseverancia después de sus clases de guitarra. A veces me resultaba sorprendente el hecho de ver a Yun Sun junto a Gustav. Polos opuestos se juntan ¿no? Y ellos estaban juntos.


Todo parecía detenido, suspendido en los castillos de Matty, cada muralla estaba impregnada de sueños e ilusiones, me quedé atrapada en ese instante compartiendo aquella realidad adornada de ensueño.
Sin querer quedamos contemplando la tarde hasta que aquel escenario se fue cubriendo de un color sepia más intenso, era hora de volver…


— ¿Mami los ángeles existen? —preguntó de pronto Matty, sin dejar de caminar a sus anchas por la orilla.
— ¿No te lo dije antes cariño? —dije soplando burbujas mientras Matty corría para atraparlas —Tu tienes un ángel.
—Tu ángel tiene un rostro parecido al mío —dijo Bill, dirigiéndome una mirada de complicidad.
— ¿Y tú también tienes un ángel? —preguntó entonces Matty volviéndose hacia nosotros, especialmente a mí.
—si. —respondí, paseando la yema de mis manos por el perfil de su rostro frágil y luego se distrajo con el vuelo de una gaviota y corrió desplegando los brazos e imitando el vuelo de aquella ave.


Revoleteó en torno a Bill, que revolvió en un gesto de ternura el cabello de Matty, entonces él se llevó las manos a la cabeza y cogió una rasta de su cabeza, mirándola con curiosidad.


— ¿Y mi ángel también lleva rastas?


Mis pasos se detuvieron en la arena y dejé escapar la posibilidad de soplar una burbuja muy grande y me arrastré hacia el pasado, trayendo una multitud de recuerdos que se agolparon en mi mente en milésimas de segundo, agradables y al mismo tiempo acompañados de dolor…no era fácil olvidar a Tom salvándome la vida…"Salvándonos la vida".
Dudé por unos minutos en responder y Matty curvó una sonrisa inocente que inmediatamente delineó una en la mía.


—Si Mathew…. —susurré soplando una burbuja. Los últimos rayos de sol iluminaron su pequeña sonrisa cargada de ternura y desvió la vista hacia la burbuja que flotaba en el aire, continué siguiendo sus pasos mientras Bill me abrazaba con la misma intensidad que lo hacía siempre, como lo había hecho siempre.


"Todo amenazaba con alejarte de mí, y yo no hacía nada por impedirlo"… me recordó en voz baja, entrelazando nuestras manos "pero siempre volvías a mí" Sonrió.


Aún sin saber lo mucho que me quería, y aún sin saber lo mucho que lo quería él, siempre volvía a él y él esperaba por mí…era mejor no saberlo antes, porque ahora todo tenía sentido, y el mundo seguía avanzando y con él nuestras pequeñas vidas.


Matty señaló con una risita una burbuja que posó en la puntilla de su nariz y pestañeó maravillado, mirando su reflejo en aquella bombilla.


— ¿Y tom también es un ángel? —preguntó de repente con inquietud.


"Tom es tu ángel Matty"