Parpadeé por un instante y mordí sutilmente sus labios, me sentí muy feliz, al sentir que me besaba sin ningún problema, sabía que él sentía lo mismo, no me quedaba la menor duda, y como prueba de ello me aparté desviando la mirada hacia el cristal, y él fue en busca de mis labios, dibujando lentamente besos por mi cuello hasta encontrarnos de nuevo.
Esta vez mis manos levantaron ligeramente su camiseta hasta encontrarse en contacto con su piel, mientras él desabrochaba gradualmente los botones de mi blusa, mi respiración aumentaba a medida que nuestros cuerpos se acoplaban más y más, y opté por desajustar el broche de sus pantalones…cuando…
—Esto ya fue demasiado lejos —apuntó de repente, apartándose con prisa y abrochando su pantalón.
—Esto ya fue demasiado lejos —le imité con una voz tonta.
—Quisiera que pienses mejor lo que casi acaba de pasar —pasó una mirada rápida por mi pecho —será mejor que te abroches la blusa.
— No quiero. —protesté. —No fui yo quien lo hizo.
—No hagas las cosas difíciles…—rezongó —Tú y yo debemos ser amigos.
—Haz lo que se te venga en gana Tom, seré tu amiga si así lo quieres pero no me pidas que disimule lo que yo siento.
—Será lo mejor si así lo haces —se acercó a mí —abróchate la blusa te lo pido por favor…
— ¿Te incomoda?
—Eres un peligro latente ¿sabes?
— ¡ja! —Resoplé —Idiota.
—Este idiota te invita a cenar.
—No tengo hambre.
Puso los ojos en blanco, se acomodó la ropa y bajó del auto, y abroché pesadamente mi blusa.
—Aceptaste ¿lo recuerdas? —dijo abriendo la puerta.
—Te odio Tom Kaulitz.
—Así es mejor.
Adentramos, y Tom pidió una mesa disponible a un tipo que vestía elegantemente, y seguidamente nos asignó una.
Arrastré los pasos, no tenía ganas de mirarle a la cara y menos cenar con él, lo odiaba.
Tom paseaba la vista por la lista que se extendía en la carta, yo estaba con los brazos cruzados encima de la mesa, sin tan siquiera coger la carta.
—Los platos de fondo están deliciosos ¿Qué escoges? —preguntó trazando una sonrisa y mirándome por encima de la carta. —Vaya, si los postres también…
No respondí, ladeando el rostro hacia el otro lado.
— ¡ah! Mira quizás te apetece Costillitas de cerdo con puré de manzanas
—Te ves patético Tom Kaulitz —farfullé. —Te dije que no tenía hambre.
—Hicimos un trato preciosa, vamos que quiero que cambies esa cara.
—Es la única que tengo ¿lo sabías? —le indiqué mirándole con rabia.
— ¿Qué desean pedir los señores? —preguntó amablemente el mozo, apuntando en un cuadernillo el pedido.
No lo había notado venir.
—A mí me trae como plato de entrada pasta de carne, Pickert como plato de fondo, y como postre, me da… ¡ah! postre con cerezas ácidas y nata
— ¿la señorita desea pedir? —se dirigió a mí.
—Un vaso con agua
— lo mismo que yo, gracias. —dijo Tom.
— ¿De beber?
— Zumo de manzana.
— y café —pedí —gracias.
—Sé que te gustará —me indicó Tom.
—Espero no vomitar encima de tu plato —le advertí.
Al instante vi sobre mi meza materializados los pedidos, y no me inmuté en tomar los cubiertos, sólo beber a pequeños sorbos mi café.
Tom trataba de animarme dando pequeños mordiscos a las delicias que tenía encima de su plato.
—Mmmm está delicioso —saboreó — ¿no deseas probar un bocado?
—No.
Cogió una ración pequeña de carne con su tenedor, y se inclinó hacia delante para darme de comer.
—Haber la señorita va abrir la boca—ladeé el rostro — ¿quieres jugar al avioncito? —preguntó sonriendo.
—Insisto, eres patético Tom Kaulitz.
—Lo voy a intentar. —y ronroneó como un niño que juega con su juguete, dibujando con el tenedor curvas en el aire en dirección a mi boca—Nena abre la boca, así AAA.
Reí para mis adentros y luego rompí a reír y él aprovechó para introducir el tenedor en mi boca.
— ¡lo hice! —chilló triunfante.
Mastiqué contra mi voluntad.
—Sabes, no dije que no te quiera y ser sólo amigos, pero tiene ser así. —explicó tendiendo la mirada sobre mí.
—Dame una razón —le exigí.
Hizo caso omiso y siguió comiendo.
— ¿Te gustó? —preguntó, yéndose por la tangente.
—Me gusta —admití —las razones me las dirás después.
Me levanté rápidamente al terminar la cena, que finalmente Tom me había convencido de comer.
Al volver dentro del auto Tom puso mala cara, mientras yo cruzaba los brazos.
— ¿me dirás las razones? —le reclamé.
—No pienses que no me gustas.
—Vaya, tú tampoco pienses lo mismo, porque creo que pensamos igual. —Comenté con ironía —Creo que no hay explicaciones, sólo excusas.
—Maldita sea…eres la hermana de mi amigo—Apretó los puños contra el timón—Y sé que no le hará gracia saber que me gustas.
— ¿Y yo no cuento?
—lo sé lo sé, es sólo que no es tan fácil.
Limpié una lágrima que empezaba a resbalar por mis ojos y me limité a aferrarme a mi desasosiego.
—Sabes no entiendo por qué vine a buscarte, supongo que me di cuenta que me gustabas y pensé que también sentías lo mismo, que tonta fui.
Tom cogió una de mis manos oprimiéndola.
—Quiero irme —le pedí.
— Aún falta una razón…
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