lunes, 10 de agosto de 2009

Capítulo_23_

— ¿Una damisela en apuros? —preguntó aquella voz irónicamente.

El alma regresó a mi cuerpo y dejé de caminar.

— ¿Tom que hacías siguiéndome? —inquirí tendiendo una mirada radical.

— ¿Te asuste?

—Mucho.

—Anda nena sube al auto y hablamos dentro ¿o piensas quedarte?

No dudé en hacerle caso y di la vuelta.

— ¿No estabas camino a...?

— ¿Tu casa? —Asentí — Bill me dio una llamada, y supuse que estarías cerca del estudio y decidí regresar.

—O vaya que consideración de Bill. —murmuré.

Tom manejaba confiado camino a casa, conocía la ruta por la que nos estábamos aventando, pero definitivamente mis propósitos no podían esperar.

—Tom detén el auto, no quiero ir a casa…aún. —le pedí.

— ¿dónde desea ir la señorita? —preguntó.

— A un lugar donde dos personas puedan conversar tranquilamente.

— ¿Estoy en problemas?

—Soy yo la que tiene problemas contigo…

—bien, bien…

Y cambió de ruta, percibí que era un parque o una plaza donde nos dirigíamos, no me había equivocado, era un parque muy grande y con imponentes edificios alrededor.

— ¿Un restaurant? —inquirí.

—Ubicado en una de las mejores plazas de Alemania, ¿Qué te parece?

—Vaya el lugar es hermoso, pero no tengo hambre.

—Supuse que querías hablar conmigo en un lugar donde nadie pudiera molestar.

—supuse que era en un lugar donde nadie te pudiera reconocer precisamente, y dentro de tu auto.

— ¿Mi auto?, bueno no se compara a las sillas cómodas de aquel restaurant —dijo, extendiendo la mirada sobre aquel recinto hermoso, que resaltaba sobre los demás a través del cristal. —propongo algo.

— ¿qué propones?

—Hablar y luego darme el gusto de invitarte a cenar.

—Genial… buena idea.

Aparcó el auto en el parking y encendió la lucecita del interior de su auto.

—Prefiero la luz apagada. —sugerí.

—Lo que tú digas.

Cavilé por un momento cómo escupir esas dos palabras de mis labios, si la tan sola presencia de Tom me amilanaba.

Mis ojos lo contemplaban de una forma especial, y paseaba mis manos instintivamente por mi vientre, tratando de calmar las mariposas que revoloteaban ávidamente.

— ¿Estás bien? —Me preguntó levantando ligeramente mi barbilla — ¿Es acaso que aún tienes el sentimiento de culpa pegado a tu conciencia?

—Algo así…

—Vaya, ten la seguridad que lo di todo por olvidado. —me tranquilizó sonriendo.

—Lo siento —balbuceé tímidamente. —Por hacerte víctima de mis locuras.

—Fue algo descabellado dejarme como un cerdo mentiroso —sonrió —Tengo que decir que hiciste un buen trabajo, porque te creyeron, me hace gracia recordar ver las caras de aquellas dos chicas, pobrecillas, vaya fama la que gané con ellas,

—No me entiendes…

— ¿Entender? —Inquirió —Descuida volvemos a ser amigos, seguirás siendo mi…

— ¿Amiga? —dije arrastrando aquella palabra. —Una amiga no besa a su amigo, de la forma cómo lo hice aquella noche.

Tom abrió los ojos, y me miró atónito.

— ¿Yun Sun fue quien te dijo? —refutó inquietado.

—No importa, es sólo que no quiero ser tu amiga…

—Estás desvariando.

—probablemente.

Su mirada penetraba la mía, y me hacía sentir muy mal, no quería ser su amiga, yo quería ser algo más.

—Tom me gustas…—confesé.

—Estás desvariando y mucho.

—mierda…—susurré parpadeando mis ojos.

— ¿Pasa algo?

—Creo que un bicho muy grande se metió a mi ojo izquierdo —respondí.

—Déjame ver —dijo acercándose, quiso encender la lucecita de adentro pero lo detuve.

Entonces se inclinó hacía mí entendiendo las intensiones de mi mentira, y fue acercando poco a poco su boca hacia la mía, mientras su mirada recorría lentamente mis ojos y mis labios, esta vez los cerré mansamente esperando que me besara, lo deseaba…

— ¿No hay ningún bicho verdad? —Musitó, humedeciendo ligeramente mis labios.

—Creo que son mariposas—dije, abriendo un menudo espacio.

En aquel momento oprimí con deseo mis labios a los suyos, afianzando mis manos en sus dreads, al tiempo que el deslizaba sutilmente sus manos por el borde mis caderas.

Sentí la suavidad y la ternura con la que se movían sus labios con los míos, de pronto empujó sutilmente su lengua rozando la mía, respondí a aquella señal, y nuestros movimientos aumentaron de intensidad.

Necesitaba tomar aire, por lo que el ritmo de los besos fueron disminuyendo, y Tom fue poco a poco separando sus labios de los míos, tendí la cabeza ligeramente hacia atrás buscando apoyo, mientras sus labios descendían en línea recta hacia mi pecho, acariciando con su labios mi cuello, cerré los ojos, mientras una sensación de placer recorría mi cuerpo.

—Tom…

Y sus labios volvieron a afirmarse en los míos silenciando aquel suspiro.

No hay comentarios: