A la mañana siguiente, despegué un ojo tras recibir los primeros rayos de luz que filtraban por la ventana de mi habitación, prestamente giré mi cuerpo para ver la hora.
_ ¡Rayos!, 11 de la mañana _ chillé mientras me alzaba apresuradamente para darme un baño.
La primera noche en casa y había dormido tranquilamente, supuse que era producto de lo agotador que había sido el día anterior, viajes, encuentros, charlas…eran buenos motivos para descansar.
Los chorros de agua fría caían resueltamente sobre mi cuerpo y me ayudaban a recobrar el sentido del tiempo.
Mi madre era muy comprometida con el trabajo y había salido muy temprano y di por sentado que Georg estaba durmiendo aún, era su mejor pasatiempo en casa, al bajar me cogió por sorpresa verlo en la cocina, llevándose una cuchara de cereal a la boca.
-Si deseas hay jugo de naranja en el frigorífico _me informó sin dejar de prestar atención a su cuenco de cereales.
_Gracias _respondí extrañada mientras habría la puerta y sacaba el envase con jugo, al cerrar me percaté de la lista extensa que había en el papel sujetado a un imán, de hecho era la lista de cosas que mamá nos había puesto para realizar las compras de la semana.
_Así que hoy salimos de compras _murmuré.
Georg me dirigió una mirada esbozando una sonrisa burlona _Y yo que pensaba que sería el último en levantarse _lo miré con desdén y le saqué la lengua.
_Yo también así lo creí hobbit, es sólo que ayer dormí muerta del cansancio.
_ ¿Por cierto, Tom y tú se quedaron charlando hasta la madrugada? ¿A que sí faltosa?
_Ya sabes cuatro años sin vernos, era un motivo para hacerlo _me limité a contestar mientras internamente organizaba mi tiempo para hacer de mi día un día de compras y a la vez restaba importancia a la charla con Tom porque de lo contrario Georg empezaría a preguntar hasta las narices de todo aquello.
Para alivio mío se levantó y puso el bowl en el fregadero _Sugiero que te alistes para ir al supermercado _me dijo mientras secaba.
_ ¿Eh?, no veo el apuro, tenemos todo el día disponible si es preciso _respondí concentrada aún en mi jugo de naranja y mi hermano soltó una risita tonta.
_Es acaso que olvidaste la invitación de Simone?, así que nos conviene salir cuanto antes _me recordó tirándome encima el secador húmedo, al cual presté poca atención porque estaba con los ojos abiertos como platos_ ¿La invitación de Simone?
Bien la abuela decía antes de irse, “no olviden la invitación de Simone”, había telefoneado el mismo día de mi llegada.
_ ¡Te espero!_exclamó Georg desde la puerta que conducía a la sala de estar.
Cogí la lista que colgaba del frigorífico y salí a trompicones directo a la cochera.
***
Era entretenido salir con Georg, porque solíamos jugar de niños con las carretas dentro del supermercado antes de ayudar con las compras a nuestra madre, y esta era la primera salida juntos desde mi llegada.
_ ¿Lista?_preguntó él
_si _admití y me aferré a la carreta, empezamos a jugar riendo a carcajada limpia, porque terminé en el suelo, una costumbre infantil que no se podía evitar.
_ ¿Georg aún detestas la crema de champiñones?
_ Bueno se me hacen comestibles _reconoció introduciendo el paquete en la carreta _ ¿La de espárragos hermanita?_Preguntó con sarcasmo.
_ ¡Puaj!_dije retornando el paquete a su lugar, aborrecía la crema de espárragos y a Georg le producía risa cada vez que mamá me forzaba a comérmelas, “por tu bien cariño”, solía decirme ella.
Claro tener a una madre especialista pediatra era un suplicio en mi infancia.
No hubo contratiempos al salir del recinto, sólo unas cuantas chicas que se presentaban a Georg, en cierta forma los lentes oscuros y el cabello recogido no le favorecían en su no tan exitoso plan de pasar desapercibido.
Al llegar, luego de acomodar los productos en la despensa cada quién hizo lo propio para alistarse y lucir decente.
Me rompí la cabeza cavilando en la forma de verme apropiada para la ocasión, una cena en casa de tus amigos no debía ser para tanto, pero si vas a ver a los Kaulitz era una buena razón para hacerlo, además si está de por medio el encuentro con un amor de la infancia, de hecho era una razón de sobra y si esa persona respondía al nombre de Bill.
Las ganas de verlo comían mis ansias, sus fans lo definían como el chico perfecto, y no lo discutía, era perfecto sin llegar a dudas, será por eso que nunca le pude decir, Bill me gustas.
Al cabo de un tiempo, logré sacar del armario una de mis prendas favoritas, alisé mi cabello con sumo esmero, y luego de unos cuantos retoques en el rostro bajé.
_Parece que la invitación de Simone te entusiasma mucho _musitó Georg al verme descender por las escaleras.
_Quiero que se lleve de mí una buena impresión _respondí_ ¿Nos vamos?
_Claro que si señorita guapa _me invitó para salir _puse los ojos en blanco _te burlas de mí.
Al llegar, Georg aparcó el auto en la entrada de la casa de los Kaulitz, era inevitable sentir aquel cosquilleo en el borde de las costillas y por si fuera poco las rodillas me temblaban, mientras Georg estaba de lo más sereno pulsando el timbre.
_Respira hondo _me sugirió él y alguien abrió la puerta esbozando una gran sonrisa.
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