Georg no lo decía con tono amenazador, por el contrario, echó a reír, dándole pequeñas palmadas en la espalda de Tom.
— ¿Pasa algo? —Inquirió Georg, al ver el cambio de Tom, de pronto y estaba mirando entre cierta multitud de chicas.
— ¿Cómo? ¿Qué dices? —respondió Tom.
—Pareces alelado, ¿Viste algo?
— ¿Cómo?, Ah, si —se volvió hacia Georg —Yo también haría lo mismo si alguien se quiere pasar de listo con mi hermana.
— Pero no la tienes —Le recordó Dave.
—Vamos Georg, pareces mi niñera —reí sarcásticamente —Déjame en paz, que ya dejé los pañales.
—Creo que Nessie tiene razón, Hobbit
—Oh si claro, una niñera —se quejó.
— ¡Hey Tom! —Le llamó Dave — Aquella chica es la misma de…
—Si, creo que es ella Le cortó Tom.
—Quizás deberías ir a por ella —intervino Georg, mirándola también, tal parecía que una desconocida, no era.
—Muy buen consejo Hobbit —rió Tom —Los veo después, Nessie quizás deberías divertirte un poco, Georg es algo aburrido.
—Lo intentaré.
Y se alejó directo a su objetivo, aquella chica, Dave y Georg intercambiaron miradas de complicidad, forcé la vista para alcanzar a ver alguna, pero había muchas. ¿Una nueva conquista? —me pregunté.
Había bebido unas cuantas copas de piña colada, por lo que me vi obligada a buscar el servicio para damas, advirtiendo a Georg que estaría bien.
Mientras me habría paso entre las personas, sentí empujones porque bailaban desenfrenadamente, y a la vez oía a mis espaldas cumplidos. — ¡Cuidado preciosa!, ¡Que Dios te guarde y me dé la llave!
— Vete al diablo —farfullaba, por lo bajo.
— ¿Ya empezó la primavera? ¡Porque eres la primera flor que veo! —me dijo un tipo, arrimándose descaradamente.
—Y tú el último palo del otoño —le respondí irritada — ¡Apartarte de mi camino!
Estampé la puerta del baño con rabia, y las chicas que estaban ahí proyectaron sus miradas sobre mí —No pasa nada —Me disculpé y no tarde mucho en salir.
Deseaba ver a Georg, así que aceleré el paso.
— No camines al sol, que te vas a derretir ¡Bombón!
Era demasiado, traté de cubrir el escote algo insinuante de mi blusa y caminé apresuradamente, y tropecé con un tipo muy atractivo, la sonrisa que dibujaban sus labios sensuales, hizo que me quedara quieta, contemplándolo.
— ¿Estás bien? —me preguntó.
—Si, si creo que si —respondí con torpeza, y me erguí para seguir caminando.
— Espera —me detuvo, tomando mi mano — ¿quieres bailar?
Sentí un cosquilleo recorrer mis costillas, no podía decirle que no, algo me incitaba a querer bailar con él, y no rechacé su invitación.
—Está bien.
Por un momento me sentí incómoda, tratando de amoldar mis movimientos al ritmo de la música, y a los de él, que no bailaba nada mal, pero sentí que se aproximaba demasiado a mí, por lo que después de unas cuantas canciones me justifiqué, con la excusa que estaba cansada, no pareció gustarle la idea, pero accedió.
Nos dirigimos a la barra.
— ¿Algo de beber? —me ofreció atento, con una amplia sonrisa.
—Precauciones —respondí inconscientemente
— ¿Perdón?
— ¡O no! —Reí para mis adentros —piña colada, si eso.
— Bien, piña colada para la señorita, y un martini para mí —dijo dirigiéndose al mozo.
El tipo me gustaba, era muy guapo, pero había algo en él que no me cabía muy bien, no tardó mucho en entablar una conversación animada conmigo, mientras bebíamos, al terminar mi primera copa de piña colada, me ofreció una bebida más fuerte, sentí la tentación de rechazarla, pero terminé aceptando.
—Está un poco fuerte —le comenté, torciendo la cara.
—Te sentará muy bien, es para animarte un poco. —Rió para sí mismo —Seguro.
Sin querer entre conversación y conversación, había terminado por beber una cantidad prudente.
— ¿Te parece volver a la pista de baile? —Asentí.
Ponerme en pie, me resultó un poco difícil, porque la cabeza me dio vueltas, no había perdido el sentido, pero me costaba mantenerme bien.
—Será mejor que me vaya —le dije, y su gesto de atención cambió por una de exasperación.
—Tú y yo vamos a regresar a la pista bonita y seguiremos bailando ¿entendido? —y sin previo aviso tiró de mí hacia la pista.
Esto no estaba bien, y me empezaba a preocupar.
— ¡Vamos, esto ya se terminó! — exclamé, liberándome de él.
—Te equivocas, aún no hemos empezado —contradijo, apegándome a él y con intensiones de besarme.
— ¡Suéltame! ¡Idiota! —repliqué tratando de aparatarlo, y anteponiendo mis manos entre ambos, pero parecía inútil, el tipo me sostenía con fuerza.
— Te estás poniendo fastidiosa.
— ¡Déjame! —chillé una vez más. —Por favor…
— ¡Déjala! —resonó esa voz, acercándose de prisa.
— ¡Tom!
—Ya deja de molestarla —le advirtió Tom. —Lo haces por las buenas o tendrás que atenerte a las consecuencias.
—Sólo bailamos —Se defendió el tipo — ¿No lo ves?
—Pero ella no parece sentirse a gusto —le discutió y me tomó de la cintura, atrayéndome hacía él, esto provocó que el tipo frunciera el ceño, y mirara encolerizado a Tom, quien también lo estaba.
—Esto no es asunto tuyo, rastafari recién llegado —le apuntó.
—Claro que lo es, y es mejor que te largues.
— ¿Una amenaza? —rió mordazmente.
—Es sólo una advertencia, si lo tomas por las buenas —le retó Tom.
Dos sujetos corpulentos se acercaron sigilosamente hacia nosotros, al ver el pequeño espectáculo, y agarrando del brazo al tipo, lo arrastraron hacia la salida, mientras el otro se resistía, profiriendo amenazas por lo bajo.
—Ya no causará problemas —se disculpó uno.
—Sólo llévenselo —respondió Tom, mientras empujaban a aquel desgraciado.
— ¿Estás bien? —me preguntó Tom, soportándome por los brazos.
— Si, gracias.
— Georg se preocupará si no estás ahí. —Lo miré alterada — ¿Ahora eres mi guardaespaldas?
— ¿Qué dices?
—Que estuviste siguiéndome todo el tiempo ¿cierto? ¿Georg te envió a cuidar de mí?
—Nadie me envió a cuidar de ti, te vi por casualidad.
—No te creo, y me irrita que me traten como una niña, que no puede cuidar de sí misma, enviándome a alguien que siga mis pasos.
—Las cosas no son como tú dices, imagínate si yo no hubiera llegado…
—Pero llegaste, te lo agradezco pero ahora puedo cuidar de mí. —me dispuse a seguir mi propio rumbo, pero los brazos de Tom se afianzaron de nuevo por mi cintura.
—O no, eso no lo creo, mírate cómo estás.
—Estoy bien —inquirí.
—No lo estás, no pienso dejarte.
— ¿Así? —Lo miré a los ojos —Está bien, pero seguirás mis reglas.
No hay comentarios:
Publicar un comentario