jueves, 30 de julio de 2009

Capítulo_15_

— ¿Tom te mencione la segunda regla? —preguntó ella, entrelazando sus brazos en mi cuello, su cuerpo estaría pegado al mío, de no ser por una mínima distancia que había entre ambos.

—Pensé que sólo había una regla a seguir —le manifesté afianzando mis manos en su estrecha cintura, parecía no estar en su cinco sentidos, porque en cualquier momento se venía abajo. — ¿En qué consiste la segunda regla?

—En que no le digas nada de lo que pasó a Georg.

—Lo estoy pensando…

—Vamos, dijiste que seguirías mis reglas.

—Está bien preciosa… lo haré.

Trataba de acompasar mis pasos a los de ella, que parecía estar a gusto bailando, la veía muy eufórica, creía que pasaría todo lo contrario, que quizás era efecto de la bebida, pero finalmente me convencí que había algo más, ella estaba muy excitada.

En un momento determinado se puso de espaldas hacia mí, con la cabeza levemente tendida hacia la mía, y contoneando sus caderas al son de la música, sus movimientos eran deliciosamente provocadores que no dio lugar a interrogantes, mientras una sensación de peligro me invadía.

Con un meneo sutil, se giró hacia mí, esta vez muy cerca, sin dar lugar a distancias.

—Tom, sabes el corazón me late muy fuerte… —susurró por encima de mi hombro.

— ¿Te sientes bien? —pregunté preocupado, pero ella echó a reír.

— ¿Bien?, estoy mejor que bien, ¡Excelente!

—Me ¿preocupas sabes? —Le dije —Creo que…

—Shiiist. —puso el dedo índice sobre mis labios —Sabes me gusta tu piercing.

Y sin aviso previo, oprimió sus labios a los míos, entreabriéndolos lentamente, no tomé precauciones para evitarlo, simplemente hice lo mismo, besarla, a medida que sus labios se amoldaban a los míos, la intensidad de sus besos aumentaban.

La sensación de peligro se desvaneció porque la pulsión del deseo venció todo.

Bajé las manos apegando su cuerpo al mío, embriagándome por el olor que despedía su piel, una de mis manos se afirmó sobre su cadera, mientras que la otra se deslizaba por detrás de su espalda semidesnuda, al tiempo que nuestras bocas se buscaban con ansiedad.

Entrelazó sus brazos a mi cuello con furia y tomamos un mínimo espacio de tiempo para tomar aire, y volver a lo mismo.

El frenesí provocó algo nuevo en mí, y ese instante se volvió nuestro.

Instantes después dejamos de besarnos, sin apartarnos, ella respiraba aún entrecortadamente al igual que yo.

—Tom…—suspiró.

— Nessie…

— Sabes, estuvo genial…

—No debiste hacerlo Nessie, no debiste…

—Lo hicimos, nos besamos.

—Soy un insecto.

—Un insecto que besa bien… —repuso con calma y se desvaneció en mis brazos, sin caer al suelo.

— ¿Vanessa? —traté de levantarla, pero estaba rendida. —Vamos, nena, que me estoy asustando.

—Tom, me quiero ir —musitó —Estoy cansada.

Bien, ahora tenía que llevarla por cuenta propia, no sabía que explicación le iba a dar a Georg, tenía que pensar en una y rápido.

Nessie no se resistió a caminar hacia la salida, aunque costó un poco abrirse paso entre esa multitud de gente que se movían como cubitos de hielo en una coctelera, para alivio mío no me costó pasar desapercibido, cuando alguien me tomó del brazo.

—Supuse que era por Bill que me dejabas, pero veo que me mentiste. —Era Kate, la chica con la que estaba antes, se veía enfadada, y no se me ocurría qué justificación darle, si tenía las evidencias de mi mentira, en sus narices.

—Lo siento, pero ahora no puedo decir nada, ella es….

—Es la segunda vez que me dices lo mismo —masculló—No quiero escuchar tus explicaciones, pudiste haberme dicho que ibas tras otra…chica, y no dejarme esperando. —Me reprochó con desprecio —Eres un idiota Tom Kaulitz.

—Kate, no te vayas… —traté de retenerla, pero me fue imposible, la vi desaparecer con resignación. Tenía razones más que suficientes para estar molesta, la noche pasada estábamos a gusto, cuando vi a Yun Sun, decidida a desaparecer a la novia de Gustav, no tuve otra opción que dejar a Kate, y evitar una contienda femenina.

—Digo lo mismo, eres un idiota —se burló Yun Sun, riendo irónicamente, ¿Cómo había aparecido allí? — ¿Acaso es la misma que dejaste aquella vez? —Extendió la vista a la chica que se sosegaba en mis brazos — ¿Tom, qué le paso a Nessie?

Yun Sun era una de las personas que no imaginé ver en esos momentos, pero estaba ahí, esperando una respuesta, ahora tenía que idear una y no iba ser fácil quitármela de encima.

—Está muy cansada, parece que las piñas coladas que bebió no le sentaron bien. —No podía hablar bien — ¿Me ayudas con ella?

—Parece inconsciente —añadió, mirando de pies a su cabeza a su amiga, Nessie no parecía darse cuenta de la presencia de Yun Sun, tan sólo escondía el rostro en mi pecho.

—No creo que lo esté, sólo necesita descansar.

—Bien, bien.

Fuimos hacia la salida, y llevé en brazos a Nessie, hasta el Parking, Yun Sun ayudó buscando las llaves de mi auto, y puse sobre el asiento trasero a Nessie.

—Yun Sun será mejor que vayas junto a ella. —Le pedí. —Yo me encargo de las dos.

—Lo que usted diga —sonrió —Te ves muy serio.

—Sólo estoy preocupado, vamos.

Durante el trayecto Yun Sun no dejaba de hablar, me costaba ponerle atención porque mis pensamientos estaban en otro lugar, a su lado, Nessie.

El sentimiento de culpa asaltó mis pensamientos, merecía que Georg me partiera el rostro, porque era un insecto, que terminó comiéndole la boca a su hermana.

Pensaba seriamente en lo que había pasado, y más aún viendo por el espejo retrovisor a las dos chicas que estaban en el asiento de mi auto.

El semáforo paró en rojo, y cogí el móvil para marcar el número de Georg, había llamadas perdidas, de Bill.

¿Qué hacía Bill llamándome?

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