— ¡Tom!
—No puede ser…eres tú —refunfuñé en son de broma — ¿Que ahora se te da por hacer la vida imposible a los que descansan? ¡Tengo vida! —Exclamé —te lo recuerdo.
—Vaya, que bien, yo también por eso llamo —objetó la voz suave de Yun Sun —No puedo conciliar el sueño, porque estoy pensando en una posibilidad.
—Me pregunto por qué los pensamientos no te vienen a plena luz del día.
—idiota…—murmuró —Estoy enamorada de ti.
—Yun Sun…
—Buenas noches.
Me quedé contemplando la pantalla del móvil, había colgado.
— ¡o no! —Gruñí, llevándome las manos a la cabeza — Lo que me faltaba, Yun Sun enamorada de mí, ¡ja! —Bufé —Tom eres un idiota, un gran idiota…y Yun Sun una desequilibrada, ¡loca!
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Estos últimos días no pasaron de ser cotidianos, o eso era lo que me parecía, estábamos tres días seguidos metidos en el estudio.
Georg comentó que su hermana estaba muy rara, me preguntaba si era por lo de aquella noche, por un momento consideré esa posibilidad, pero se disipó en cuanto mencionó que era producto de mal de amores, o eso entendía él, no le encontraba otro motivo.
“su novio francés”, recordé y volví a lo mío, acompasar las cuerdas de mi guitarra, de pronto vi a Gustav. —Maldita sea—me detuve en seco, con el semblante malhumorado. —Yun Sun.
Claro, un día se le da por decir a la señorita que se muere por Gustav y al otro me dice que es de mí, de quien está enamorada, me preguntaba quién sería mañana ¿Bill? o ¿Georg? —ya no me sorprendía.
— ¿Qué te pasa? —me preguntó Gustav.
— Nada que estoy cansado y algo aburrido.
— Ánimo —rió amablemente —Ya acabamos.
—No es eso, eso sólo que… —Me miraba esperando respuesta.
—Creo que estar enamorado es lo más idiota que existe.
— ¿De cuando acá te afecta el hecho de enamorarte? —comentó sardónicamente Georg.
—No lo digo por mí, lo digo por tu hermana.
—Es una hipótesis.
—Da igual.
—Estás raro —comentó Bill, y empezó a centrarse en una canción para el disco.
—no sé por qué sigues emperrado en ensayar esa canción, si está perfecta. —le espeté.
—Porque me apetece, y te recomiendo que no te metas conmigo que yo no estoy enamorado, ni tengo la culpa de que estés malhumorado.
—Vamos, no estoy enamorado ni malhumorado. —contradije molesto, y enfundando mi guitarra —Lo que faltaba.
—Ya hombre, calma —me sugirió Gustav —No siempre se está de buen humor, pero no es de sabios prenderse con los demás.
—El sabio Gus —dijo Georg —ja ja ja
—Deberías enamorarte entonces —insinuó Bill.
—Métete en tus asuntos, pequeño Bill.
—Bien, bien, haz lo que se te venga en gana.
—Creo que si, buena idea. —miré el móvil y busqué nombres que empezaban con la letra k.
Nessie
Estos últimos días no dejaba de lloriquear, dejé de lado la penosa fiesta, porque no recordaba cómo llegué a casa, ni quería recordarlo, de tan sólo pensarlo quería que me tragara la tierra, había bailado con un extraño que quiso drogarme, genial, porque eran varias las veces que había bebido pero nunca hasta perder gran parte de mis facultades, como lo había hecho esa noche, estaba mal y sólo tenía vagos recuerdos de Tom, a quien no había llamado para darle las gracias, por su excelente aparición. —ingrata.
Y horas después estaba en lo mismo: sacar de mi mente a Pierre, ¿Es que no lo iba olvidar? — ¡Rayos! —tenía que leer aquel maldito e-mail.
De: Mr.Pierre
A: Ness
Asunto: ¡Se acaba el mundo!
Está bien, antes de que pienses que estoy completamente
Chiflado y que soy un completo idiota te voy a decir que pienso ganar a próxima competencia, y tengo la convicción de que lo haré, porque lo hago por ti.
De: Ness
A: Mr.Pierre
Asunto: ¿Estas loco?
¿Siempre lo has hecho no?
PD: Y sii, estás chiflado. Si en verdad lo haces por mí, ¡muérete!
Si gimoteaba era sólo porque a pesar de todo lo quería mucho, eran tantas cosas, tantos recuerdos difíciles de olvidar, lástima que las cosas terminaran de esa forma, ensombreciendo todo lo lindo.
Por otro lado estaba mi amiga, la última vez que la vi estaba peor que mal, “muy mal”, me había contado con detalles que Tom había besado a una chica esa noche, hasta ese entonces no entendía su interés en aquel asunto, hasta que mencionó que le dolía mucho. — ¿La razón? —porque estaba enamorada de él.
—Tom es muy atractivo, con una digamos belleza varonil y no es extraño ver a chicas suspirar por él, tiene fama, cualquier chica que estuviera en mi lugar, que goza los privilegios de tener como amiga a la hermana de uno de los cuatro integrantes de una famosa banda, no perdería el tiempo ¿No crees?
— ¿Pero Tom?
— Si Tom, T-O-M.
Me costaba creer, hasta hace unos días era Gustav, y ahora Tom, extraño, muy extraño, Yun Sun estaba loca, o el mundo estaba perdiendo el sentido.
Un jueves por la tarde.
— ¿Vanesa puedo entrar? —preguntó mi hermano desde la puerta.
—Creo que si, ¡si!
— ¿Qué tal andamos bonita? —empujó la puerta y la cerró a sus espaldas.
—Mira Georg, no tienes que andarte con rodeos, tú has venido para saber si estoy deprimida, pero no lo estoy —dije —Estoy perfectamente, así que ya puedes ir tranquilo a divertirte con los chicos, que yo me quedo a contemplar las paredes de mi cuarto, después de todo ya le encontré el gusto. —Algo absurdo —ah, y saluda a los chicos de mi parte.
—Tú no estás bien y yo no puedo ignorar que pases casi las veinticuatro horas del día metida entre las cuatro paredes de tu habitación, tú no tienes vida. —Se acomodó a un extremo de mi cama —Oye eres una chica muy guapa y linda, tienes toda una vida por delante, hay muchos chicos en este mundo, deberías volver a enamorarte. —lo miré perpleja.
— ¿volver a enamorarme?
—Bueno enamorarte.
—Ni que eso hiciera falta para estar bien
—Entonces si estas bien ¿Por qué no me acompañas a dar una vuelta al estudio?
—Está bien —me rendí —dame unos minutos y me alisto.
—Genial —dijo riéndose —te espero.
—Georg sabías que ¿Yun Sun está enamorada de Tom?
—Yun Sun está loca.
—lo mismo digo, loca.
Dos horas después, estábamos en el estudio.
Pasé de los chicos con un breve saludo, y me dirigí a grandes pasos a un lugar abierto, la terraza, donde pudiera estar a solas con mi desgracia.
¿Cuánto tardaría Georg en salir?, quería regresar a casa y encerrarme en mi habitación de nuevo.
Tomé una bocanada de aire y suspiré sonoramente, quería llorar, como una niñita a quien le han arrebatado un juguete, sólo que a mí me arrebataron el corazón.
— ¿Estás bien? —me giré para encontrarme casi cara a cara con Bill, que surgió de repente, parecía un fantasma.
—Si —la pregunta que menos quería escuchar y que me la había ganado con mucho esfuerzo.
—Sólo intentaba ayudar —replicó un tanto molesto.
—Pues no lo hagas.
—Bien, no lo haré.
—Estupendo. —Casi se me saltaron las lágrimas, pero me hice la fuerte.
De pronto alcé el rostro, y tanto mis labios como mi barbilla empezaron a temblar levemente, no quería echar a llorar pero no lo podía evitar más y me arrojé sobre el pecho de Bill y lloré con todo el alma.
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