lunes, 10 de agosto de 2009

Capítulo _18_

Bill me abrazó, y me dejó llorar un buen rato, sin hacerme preguntas, sin inquietarme, así lo sentía, acariciando suavemente mi pelo.

Poco a poco los sollozos se fueron acortando, y no dejaba de lanzar hondos suspiros, me sentía aliviada haciéndolo, fue entonces que Bill habló.

—Vamos, vamos, bonita ya basta de lágrimas —susurró, mientras yo aún seguía escondiendo mi rostro sobre su pecho. —Un poco de calma ¿te parece?, y ahora vas a contarme lo que te pasa.

—No me pasa nada —afirmé, obstinada.

—Esas lágrimas deben tener una causa, así que quieras o no, como amigo estoy dispuesto a escucharte.

— ¡No quiero! —lo empujé, separándome de él y secando mis lágrimas, pero Bill me tomó de los brazos e hizo que lo mirara a la cara.

—Muy bien, no me vas a contar a mí pero sí a tu hermano.

—No por favor, a Georg no, el se preocupará por mí y estará como una sombra —Bill me miraba aún sin parpadear

—No es lo que estas pensando —le espeté furiosa — ¿Una no puede llorar?

—Así, como lo hiciste…no creo.

—Estoy harta que me miren como un bicho raro, sólo porque…

— ¿Por qué estas encerrada en tu cuarto y lloras así de repente?

—Mira, si estoy encerrada es mi habitación o si lloro es mi problema.

—De acuerdo, entonces…

—Nada —le corté

—Pienso que Georg debe intervenir. —Genial le iba decir.

—Vamos a hacer un trato —planteé —te voy a decir qué me pasa pero no dirás nada de lo que pasó a nadie.

—Muy bien, de acuerdo y adelante.

Me miró esperando una respuesta, pero no le iba dar la verdad, eso no, tenía un ardid para librarme de Bill.

—Primero —le dije — ¿Qué piensas?

—Que debes haberte enamorado. ¿A que si?

—Si —admití —de ti.

Bill dio un respingo y me soltó de los brazos.

—Mierda… ¡no bromees!

—Entonces déjame en paz, ¿Vas a aconsejarme algo?

—Que dejes de encerrarte en tu habitación, que salgas y te relajes, además que te olvides de ese misterioso chico que te tiene así.

—Me enamoré de ti, desde pequeña sentí un gusto por ti, cuando Georg nos presentó a ti y a Tom, pero tú sólo me veías como la hermanita de Georg, y no me hacías el mínimo caso, sólo para molestarme, y mira que ahora que te veo de nuevo, siento que ese sentimiento aún sigue dentro de mí.

—Puedo aceptar que lo era antes, pero ahora es diferente —dijo —Hemos cambiado, te fuiste a Francia, y conociste a personas que se ganaron tu amistad y hubo alguien que se llevó tu corazón, pero ese no soy yo.

—Si tú.

—Yo no estaba en Francia —me indicó — y no te hagas la tonta que me has entendido bien.

—Si tienes razón, te he entendido, tú no deseas de ninguna manera estar conmigo.

—Me estás tomando como un plato de segunda meza.

— ¿Y tú que sabes?

—Lo siento.

— ¿lo sientes? —Inquirí, acercándome a él —contéstame Bill ¿Te gusto?

—Si, pero no es como tu crees.

— ¿Entonces? —me apegué, rodeando mis brazos a su cuello, sabía que iba a funcionar, lo estaba haciendo bien.

—Estás loca.

—Por ti —y lo besé, sentí que al principio se resistía pero mis intenciones fueron más fuertes, me correspondió cerrando mi cintura con sus brazos, mientras mis manos se enredaban en su espesa cabellera y lo atraían hacia mí.

Pensé que sería fácil, pero a mí también me tomó por sorpresa la forma en que lo hacía, y ya no era por mero capricho, sino porque me gustaba.

Me deleitaba cómo sus labios acariciaban los míos, y mucho, más que un beso era una venganza.

— ¿A que viene todo esto ahora? —inquirió disgustado, tomándome por uno de los brazos. — ¿Qué juego te traes detrás de esa actitud loca e incomprensible?, me exasperas.

—Eres tú quien me exaspera a mí, te dije que no tenía nada pero tú insististe.

—Sólo quería ayudarte, pero veo que lo puedes hacer sola.

— ¿Se lo dirás a Georg?

—Por supuesto que no, es más pasaré por alto lo que acabas de hacer.

—Vaya, me quitas un peso de encima —dije irónicamente.

—Cuídate. —dio media vuelta.

—Bill por favor no —le supliqué, tomando una de sus manos —No te vayas, lo siento.

—Te dije que lo iba pasar por alto.

—Gracias, pero necesito que lo digas mirándome a los ojos.

Se volvió para mirarme y puse los ojos como corderito degollado y el suspiró.

—Está bien, pero no era necesario que hicieras lo que hiciste para hacerme entender que no me metiera en “ese” asunto.

—Bien, bien lo admito, soy una tonta.

—Muy tonta, por cierto.

—Oye pero no es para tanto, me gusta como besas, algo bueno ¿no te parece?

—Estás chiflada, si te besé fue para no desmoronar tu orgullo de chica tentadora.

— ¿Crees que soy tentadora?

—Mejor dejémoslo ahí, quizás algún día tengas la respuesta.

—La necesito ahora.

—si insistes, acabaremos en lo mismo.

— ¿Me besarás?

—Y luego terminaré pidiendo disculpas por haberlo hecho.

—Vaya, mira que círculo vicioso es todo esto.

—Muy vicioso ajajaja.

Momento después.

—Venga, entremos que está haciendo frío. —Dijo Bill tirando de mi brazo, pero me resistí.

—Bill, tengo que decir algo más.

Me miró extrañado.

— ¿Me vas a decir qué te pasa? —puse los ojos en blanco.

—No, es decir no tiene que ver conmigo sino con tu hermano y mi mejor amiga.

— Me asustas.

—Yo también me asusté cuando me enteré —reí. —Yun Sun me ha confesado que está enamorada de Tom.

—Espera un poco —cerró los ojos — ¡¿Yun Sun?! —Asentí —Esta desvariando ¡eh!

—Bueno eso dijo.

—Y yo digo como hermano de Tom, que el no está de ella.

—Que duro —me plegué —Bueno sino lo está, lo estará.

— ¿Y qué demonios puedes hacer tú?

—Bueno, si me ayudas, podemos hablar de “nosotros”.

— El síndrome Yun Sun está atrofiando tus neuronas lloronas.

—Puedes ayudarme a desbaratar los planes de conquista a Tom.

— ¿Es un complot?

—Algo así —lo detuve con mi mano —No he terminado, tú serás mi fuente de información.

—No me has preguntado si deseo colaborar.

— ¿Deseas colaborar conmigo? —No le di tiempo de responder — ¡Genial!, podemos ir dentro que hace frío y fui yo la que tiró de él, para entrar.

Todos tendieron la mirada sobre nosotros dos, yo estaba con una sonrisa amplia en el rostro, Tom estaba serio, raro en él, pero fue quien se acercó a mí para preguntar si estaba bien, y aproveché para darle las gracias, por aquella noche, y tan sólo dijo —no fue nada.

De pronto me lancé con una pregunta muy obvia, que al parecer no le cayó muy bien.

— ¿Tienes alguna probabilidad de enamorarte?

—Muchas, pero por ahora no siento ningún deseo de que nadie me pesque, vivo estupendamente soltero, y si algún día me da por buscar una “novia”, seré yo quien la cace. —Lo sentí incómodo — ¿Lo dices por alguien en especial?

—No, nadie.

Y fueron las últimas palabras que crucé con él antes de irme, pero tenía claro lo que tenía que hacer, idear…

No hay comentarios: