lunes, 10 de agosto de 2009

Capítulo_22_

Sentí que me ya no había escapatoria, estaba entre la espada y la pared, entre morir desde una altura de mil metros o en manos de mi verdugo, que no era más que un tipo de casi dos metros de altura, fuerte y con una máscara cubriéndole el rostro, se acercaba lentamente hacía mí con intenciones de matarme, a medida que cedía hacia atrás, el borde que llevaba al precipicio se hacía más cercano, temía lo peor, y con los ojos cerrados me arriesgué a caer, dándolo todo por perdido.

Al cabo de un tiempo abrí los ojos y sentí que alguien me llevaba en brazos.

¿Estoy muerta?, pensé al ver a aquel ser celestial, porque tenía alas que le surgían del dorso, ¡un ángel!

Un momento… ¡no morí!...y este no es un ángel… ¡es Tom!

— ¡Despierta Vanesa, despierta!

Me senté de golpe en la cama, y miré desconcertada a Yun Sun que me zarandeaba.

— ¡Es tom!

—Si ya lo sé, y era un ángel…me libró de caer… —dije y sacudí la cabeza volviendo en sí —Lo siento estaba soñando… ¿Qué tiene Tom?

— Que dijiste su nombre mientras soñabas.

— ¡¿Qué?!

—Tranquila que me rompes el oído, chillaste su nombre, anda cuenta ¿Qué soñaste? —Me miró arqueando una de las cejas — ¿Un sueño pervertido?

— ¿eh? ¿Yo?, no nada de eso…—le informé —Hablando de Tom, anoche me dejaste con la intriga ¿Aquella noche qué?

—Que nada…y no me cambies el tema

—Anda Yun Sun que me enfado contigo.

Tuve que suplicarle de mil formas distintas que no me deje con la intriga, hasta que logré convencerla.

—Bien, bien te lo contaré —suspiró —Tom me dijo que no contara nada de esto, pero pienso que debes saberlo.

—Vamos cuenta que me estás desesperando.

—Aquella noche tú lo besaste. —los ojos se me abrieron como platos.

— ¡¿Yo?! —Resoné — ¡No puede ser!

—Si tú, estabas muy mal ¡eh! Y te aprovechaste del pobre de Tom.

— ¡trágame tierra!

Me sentía muy mal, con lo que Yun Sun me había confesado, y ahora estaba peor, ¿Yo bese a Tom? ¡Qué locura!, un hormigueo se apoderaba de mi estómago, y deseaba que no fuese lo que me estaba imaginando.

Al llegar a casa, me encontré con mi madre, que estaba muy contenta de que yo pudiera salir como antes, y no verme triste, subí a mi habitación y tomé un largo baño, tratando de poner en orden mi mente y pensar en lo que debía hacer y llegué a una conclusión.

— ¡Maldita sea! —Gruñí enfadada —Estoy en problemas sentimentales con el amigo de mi hermano.

Un día después tuve que armarme de valor para acompañar a Georg al estudio. Últimamente “lo siento” se había convertido en mi frase favorita y Tom la tendría que escuchar.

6.00 pm

— ¿Georg no piensas moverte? —pregunté al verlo tendido en el mueble, mirando la TV.

—Hoy no —dijo —Sólo Bill, que tiene algunos detalles que arreglar.

— ¿Bill? ¿Crees que esté solo?

—si lo dices por Tom, de seguro está también.

— ¡Genial! —Vociferé — ¡Nos vemos después!

— ¡Vanessa!

No le di chance de preguntar más y salí inmediatamente rumbo al estudio, cogí l primer taxi que se atravesó en mi camino.

Al llegar mi corazón palpitaba descompasadamente, y mil mariposas revoloteaban en mi estómago, imaginé que lo que más temía estaba pasando.

Expulsé una bocanada de aire y pulsé el timbre, abrió una mujer —miembro del staff —y me saludó amablemente, entabló una corta conversación conmigo, y al notar cerca de Bill, no pude evitar saltar hacía él.

— ¿Tú por aquí? —Me preguntó extrañado —hoy no tengo intensiones de “colaborar” y ya me tengo que ir, por cierto es tarde para tus dichosos planes de despeje —me advirtió.

— ¿Dónde está Tom?

— ¿Tom?

—si Tom, T-O-M, ¡Tom!

—Tranquila, tranquila que no está, acaba de salir por aquella puerta —me indicó con la mirada.

— ¿Hace mucho?

—Calculo unos cinco minutos —adivinó — ¡ah! Fue a buscar a Georg.

— Entonces fue a mi casa —pensé —Genial, ¡Adiós Bill! ¡Gracias! —dije, alejándome a pasos torpes.

— ¿Estas bien?

— ¡Muy bien! —Chillé desde el pasillo —claro muy muy bien, sólo tengo un problema.

Caminé hacia las afueras del estudio, y no había ni un taxi disponible, por lo que me atreví a caminar un poco más, pero aún así no vi alguno y me estaba desesperando, siempre es lo mismo, cuando quieres un taxi no hay, y cuando lo que menos quieres es un taxi, hay como miles a tu disposición ¡joder!

Suerte la mía, estaba a una buena distancia sin poder conseguir un maldito taxi que me llevara a casa, miré el celular y estaba muerto, más hundida mi suerte no pudo estar.

Me dirigí a una cabina de teléfono e inserté la única moneda que llevaba en el bolsillo y marqué esperanzada el número de casa, pero respondía la contestadora “si desea deje su mensaje”, vaya encima el bendito aparato se tragó mi moneda.

— ¡maldito aparato! —bramé impacientada.

Una ola de miedo se apoderó de mí cuando al volver a la acera me percaté que un auto me seguía, quise ignorar que fuera así pero a medida que caminaba el auto estaba detrás, tragué saliva y la respiración aumentaba a medida que avanzaba, quise correr pero era como si las piernas no respondieran, no quise voltear sólo llegar a una esquina para echar a correr y gritar auxilio, hasta que el auto aceleró poniéndose a mi altura.

Recordé mi sueño pasado, quizás era un presagio de lo que me iba a suceder, de lo mal que podía ser este día o lo más probable era que mi verdugo estuviera ahí.

—Mierda… —mascullé.

No hay comentarios: