—No sé si quiera escuchar —dije sin mirarle, se hizo una pausa mientras lo pensaba. —Está bien —aguardé con paciencia.
—Es una imprudencia dejarse llevar por la pasión —dijo —Te hiciste la ilusión de estar enamorada de mí y te dejaste llevar por tus primeros impulsos, esa es la otra razón.
Por un instante traspasó por mi mente la idea de irme encima y arrugar su camisa con rabia y sacudirlo con mis manos, para decirle que no era simplemente pasión, pero desistí, quizás tan lejos de la realidad no estaba y aunque costara aceptarlo tenía que darle parte de razón.
— ¿Qué me dices de ti? —pregunté con resignación.
—Estoy confundido —admitió —no quiero causarte una desilusión.
Lo observé por un breve espacio de tiempo tratando de poner en orden mis ideas, sé que no estaba bien y que las condiciones eran incómodas tanto para él como para mí y finalmente acepté que la conversación había llegado a su fin.
—Quizás tengas razón y solo sea un sentimiento pasajero —intenté ser fuerte, mientras una parte de mí se negaba a esa posibilidad y simulé estar bien — ¿Me llevas a casa?... ¿amigo?
Curvó los labios, mostrando una sonrisa y puso el auto en primera.
Bajé simulando una sonrisa al llegar.
— ¿Vaya mi amiga tan siquiera se despide de mí? —inquirió Tom, interponiéndose en mi camino, tenía intensiones de pulsar el timbre.
—Hasta luego —susurré a duras penas, él tenía las cejas fruncidas y no parecía estar satisfecho.
Avanzó hacia mí con pasos breves y me envolvió con sus brazos, estrechándome contra él.
—Sueña con los angelitos —dijo —amiga.
— ¿Angelitos? —recordé inmediatamente mi sueño reciente y quedaba claro que los angelitos ya no podían intervenir más, la última vez que lo habían hecho no terminé bien, nada bien. —prefiero irme de boca al infierno y soñar con diablillos, gracias.
—No tienes remedio.
—No lo tenemos —aclaré.
—Soñaré contigo… si puedo dormir —musitó dándome un cálido beso en la frente. —Esta noche.
Lo vi desaparecer, no se inmutó en voltear para mirarme, y pulsé el timbre, Georg salió y pasé de él como sino lo viera.
—Buenas noches —me dijo. — ¡Sueña con los angelitos!
Arrastré los pies en cada peldaño hasta llegar a mi cuarto para hundirme de espaldas a la cama, paseando mis dedos por la comisura de mis labios, que parecían exigir los besos de Tom.
—Besé a mi amigo… —suspiré antes de dormir.
________________________________________________________
Los días pasaron lentamente muy a mi pesar, y estaba más convencida que no veía con los mismos ojos a mi “amigo”, por más intento vano que hiciera, lo deseaba con una fuerza inmensa.
Hasta unas semanas atrás, estaba empeñada en vivir atada a la amargura de no poder olvidar a Pierre, y ahora era tan lejano, que no me dolía recordarlo.
Semana y media, exactamente, sin saber nada de Tom, sólo Bill que reiteradas veces se convirtió en mi compañero de carrera sobre las pistas de Kart, y Yun Sun mi fiel confidente.
Me mordía la lengua antes de pronunciar el nombre de Tom o preguntar por él, y agradecía que nadie se preocupara en darme información, Yun Sun y yo estábamos más unidas que nunca, terminé por contarle mi historia de amor con mi dichoso ex novio francés.
—Deberíamos hacer una historia con todo esto —dijo, retorciéndose de risa —Vaya que el tipo es un campeón sobre las pistas eh.
—Lo sé —admití. —Todo un haz.
—Y mal no está —añadió —me encantan sus rizos.
—Cambiemos de tema.
Si alguien preguntaba por qué Yun Sun andaba contenta aprendiendo a manejar un Kart, es porque tenía a los dos mejores instructores, a Bill y a mí, y por su vida sentimental, le puso un paréntesis, olvidando momentáneamente a Gustav, que aún se le veía con novia.
El día menos pensado Georg invadió mi cuarto, saltando en un pie, y con tres sobres en la mano.
— ¡Nos vamos de viaje! —Chilló —Por una semana entera…
—Vaya, que emoción, te extrañaré hobbit.
— Que va… ¿No lo ves? —Levantó los sobres para que los viese —son tres boletos de viaje.
— ¿Tres boletos de viaje? —lo miré interrogante — ¿De que trata todo esto?
—Hay un sin fin de contratos y publicidad que se tiene que hacer en Nueva York, y tenemos que estar allá en estos días, así que Dave hizo las reservaciones la semana pasada y mañana viajamos en el primer vuelo, hoy nos entregó los boletos.
— Genial, pero son tres…
—Bueno, uno es mío, el segundo es tuyo, y el tercero de Yun Sun.
— Vaya se acordaron de Yun Sun.
—Tom acordó no dejarla, creo que a pesar de todo, echaremos en falta dejarla y Dave reservó boletos extra, y por los gastos, no te preocupes que es lo de menos.
—No es eso lo que me preocupa, es el hecho de que si yo debería ir…
— Oye eres mi hermana y quiero que estés conmigo estas vacaciones ¿correcto?, además Bill fue el de la idea.
—Lo que diga mi hermano mayor —respondí. —supongo que Bill se volvió dependiente de mí.
—Espero que no tan dependiente…
Revoloteé todo mi armario de ropa para empacar las maletas, y miré el boleto que reposaba encima de mi mesa examinándolo con detenimiento. — ¿Air Berlin? —murmuré y terminé por guardarlo.
No se me antojaba imaginar qué cosas me aguardarían en ese pequeño viaje, de lo que estaba segura era que tenía que batallar con la presencia de Tom, a quien ansiaba ver con todas mis ganas, pero a la vez no quería saber nada.
—Mañana, mañana….
Me levanté tirando las sábanas para poder alistarme, se me hacía tarde y Georg reclamaba desde abajo, al igual que mi madre que aporreaba mi puerta con insistencia.
No había podido dormir bien estas últimas noches Tom había sido partícipe se mis sueños y eso me advertía algo.
Todos aguardaban en el aeropuerto, y sólo faltaban minutos para iniciar el vuelo, mi madre nos deseó suerte antes de salir, deseé verla lo más pronto posible.
Me percaté que los asientos eran de tres, y mi asiento estaba designado junto a Bill, me preguntaba si el asiento disponible era de Tom.
— ¿Quién falta aquí? —pregunté a Bill, acomodándome a su lado, él iba a lado de la ventanilla.
—Ah, sólo falta Tom —respondió sin darle mucho interés a mi pregunta —Es más allá viene.
—Hola Nessie —me saludó Tom, colocándose a mi lado — ¿Te sientan bien los vuelos aéreos?
1 comentario:
*o*....♥
Publicar un comentario