Me quedé considerando la posibilidad de echar todo el esfuerzo de Yun Sun por la borda y abrir la puerta, pero no quería. Tom y yo por fin juntos, sin que nadie pudiera molestar, tan sólo él y yo. ¿No era eso lo que deseaba? —Si.
—Vaya, admito que eres bueno atrapando bichos —comenté con ironía, tendiendo la vista sobre mi sujetador, que aún estaba en manos de Tom.
—Creo que fue tarea fácil —dijo sonriendo, y recorriendo con la mirada mi silueta—No hay mérito sin esfuerzo.
Negué con la cabeza, mordiendo disimuladamente mis labios. El plan de Yun Sun tomaba un buen camino.
Una pequeña sensación se apoderaba de mi, mientras Tom se acercaba a paso lento y tomaba entre sus manos mi cintura, apegándome a él.
Mis manos recorrieron lentamente su espalda desnuda rodeando su cuello, mientras él acariciaba con besos suaves mi hombro, hasta ascender a mi cuello.
—El hotel es muy grande —comenté entre pequeños suspiros.
—No tan sólo el hotel —respondió, volviendo a besar mi hombro —las camas no se salvan de ser grandes también.
Presumió una sonrisa.
Entrecerré los ojos, al tiempo que Tom recorría sus labios por mi cuello hasta encontrar mis labios, me inclinó dócilmente sobre la cama y me dejé llevar mansamente.
Todo marchaba muy bien, las manos de Tom quitaban sin prisa la prenda superior de mi pijama, recorriendo lentamente mi vientre, inundando deseo por cada milímetro de mi piel. El siguiente paso iba por mi cuenta, cuando un sonido desagradable interrumpió fatalmente mis intentos, alguien llamaba a la puerta.
Suspiré frustrada, separándome de Tom y poniéndome en pie para abrir, mientras acomodaba mi camiseta, que aún no había sido despojada del todo.
Advertí a Tom con voz casi inaudible, para que se mantuviera en silencio mientras abría. Esperaba que mis temores no sean ciertos, encontrar a Georg detrás de esa puerta, era lo menos que quería.
Eché un vistazo por el ojo de la puerta, era un tipo muy joven, con una pequeña pila de DVD’s.
—Rayos… —mascullé —olvidé las películas, qué tipo tan oportuno.
El tipo arqueó las cejas en cuanto me vio.
—Buenas noches señorita, aquí su pedido. —dijo extendiendo los DVD’s —Gracias por solicitar este servicio.
—Son eficientes —murmuré, firmando una hoja — ¡Gracias! —Le indiqué con una sonrisa extendida en el rostro, cerrando la puerta, casi en las narices de aquel muchacho, y revisé a grandes rasgos las cubiertas.
Caminé hacia la cama y me percaté que Tom no estaba, de pronto sentí unas manos rodearme por la cintura y apartar con cuidado los DVD’s de mi mano, dejándola encima del pequeño mueble.
—Las películas pueden esperar —susurró en mi oído, paseando sus labios por mi hombro, al tiempo que sus manos descendían hasta mis caderas.
Me giré para verlo y apretar mis labios a los de él. Esta vez lo empujé sin fuerza a la cama, y avancé a gatas sobre él.
—Mierda… —respingué enfada, cayendo de espaldas a la cama — ¿y ahora qué? —me quejé.
—Ahora quién… —dijo Tom, rodeándome por la cintura.
Me levanté y cogí pesadamente el móvil que replicaba encima del velador, me arrepentí de no haber tomado precauciones con el inoportuno aparatito. Vi la pantalla del móvil y miré hacia Tom, que esperaba expectante a que me deshiciera de ese pequeño inconveniente.
— ¿No vas a contestar? —me preguntó frunciendo las cejas.
Volví a mirar la pantalla, era la llamada que menos pensaba esperar, ¿Es que todo era inoportuno?, Pierre llamando.
—Si, claro —le respondí, con voz ronca —ya vuelvo…
Y me deshice de sus manos, para salir a la terraza.
— ¿hola? —contesté.
— Vanessa —oí del otro lado —preciosa, extrañaba escuchar tu voz.
—Eres muy cursi ¿Lo sabias? —le objeté con voz fría.
—Creo que cursi es mi segundo nombre.
— ¿Por qué has llamado?
—Hace unas horas terminó el circuito de autos y te prometí que ganaría.
—No entiendo…te dije que no me importaba.
—Gané.
—Bien por ti, ¿Felicitaciones? —Reí sarcásticamente —Tengo que colgar.
—Vamos que aún no dije lo más importante.
—Ya escuché demasiado, de verdad, olvídame.
—No puedo, es más… no quiero.
Suspiré y dejé de lado el resentimiento que aún se aplacaba dentro de mí, e intenté razonar con él.
—Debo decirte algo muy importante y espero que me entiendas —le advertí —Ya nada queda de ti y de mí, ya no te quiero… —en el fondo me dolía destrabar aquellas palabras.
—Estás enfadada eso es…
—Estoy enfadada, sí —admití —Pero por lo necio que eres, estoy enamorada de otro Pierre…Lo siento.
No escuché nada del otro lado, miré la pantalla para ver si había colgado pero aún estaba allí.
— ¿Pierre? —Me sentí mal —Creo que no hay más que decir, olvídame…
El silencio se prolongaba.
— ¿Lo quieres? —preguntó con voz grave, cortando el silencio.
—Mucho, como nunca antes.
Y colgó.
Busqué apoyo pero encontré a Tom a una escasa distancia de la mía, con la mirada serena. Me preguntaba si estaba ahí desde hace mucho, no tenía el valor para mirarle.
—Lo escuché todo.
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