—Yo… —balbuceé confundida.
Levantó mi barbilla, callando mis labios con un beso, agradecí dejar las explicaciones a un lado y entregarme a aquella caricia.
—No te sientas mal, necesita tiempo —me sosegó, rodeándome —Si te quiere, te dejará ir.
Escondí mi cabeza en su pecho, mientras él acariciaba mi cabello con cuidado.
—Eso espero —respondí con hilo de voz.
Levanté la mirada recorriendo su rostro y busqué sus labios, los necesitaba. Me imaginaba esta escena por el resto de mi vida, y no quería que terminara jamás, estar entre los brazos de Tom, sin embargo el frío hizo que castañeara un poco los dientes, y Tom soltara una pequeña risita.
—Creo que es mejor volver dentro. —me sugirió.
Estaba claro que ya no podíamos retomar lo que había quedado pendiente y me molestaba mucho que la noche terminara así.
—Tengo una idea —me animó extendiendo una sonrisa que inevitablemente me deshacía.
—La noche se estropeó —farfullé fastidiada — ¿Y dices que tienes una idea?, sabes no me extrañaría que surgiera otro inconveniente.
—La noche aún es tuya y mía ¿correcto? —preguntó mirándome a los ojos —y no se estropeó, mira que hay un atrapa bichos disponible.
Bajé la mirada, reprimiendo una risa.
— ¿Qué pensabas hacer esta noche? —me preguntó con entusiasmo.
—Bueno de hecho solicité una serie de películas para ver en todo lo que iba la noche.
—Bien —sonrió — Eso haremos.
Reí, después de todo terminó convenciéndome de que la noche no iba mal del todo, solo algunos contratiempos.
Revisó las cubiertas con interés.
—Todas parecen buenas —murmuró.
—Son las que me sugirieron ver —respondí arrojándome encima de la cama.
—Bien esta pinta mejor, haber si esta…—dijo poniendo el DVD.
Me arrimé hacia un lado para hacerle espacio, y acomodó unas almohadas, extendiendo los brazos para que yo pudiera descansar en ellos.
—No había ninguna de terror —comentó oprimiéndome contra él.
—Si, pero las excluí de mi lista—respondí —no me dan miedo, pero de alguna u otra manera me sugestiono y termino teniendo pesadillas.
—hoy tu única pesadilla seré yo.
— ¿Debería sentir miedo? —pregunté complacida.
—mucho.
No me di cuenta cuando quedé profundamente dormida, tan sólo me conforté en los brazos de Tom, sin prestar atención a la trama que proyectaba la película.
Al día siguiente desperté alargando los brazos en todo lo que podía y percibí que no había nadie a mi lado, tan sólo Yun Sun que descansaba en la cama de lado.
En cuanto me puse en pie, Yun Sun empezó a ronronear semidormida.
—Tom se fue hace poco, y pidió que no te despertara.
— Vaya… —me asomé a ella para mirarla — ¿Estás despierta?
Se revolcó y consiguió sentarse, frotándose los ojos cansinamente.
—Estaba —gruñó —Lo último que imaginé fue encontrarlos viendo películas de acción, ¡qué romántico!
—Bueno eso pasó ¿Qué esperabas? —Pregunté recordando los inconvenientes —además las de acción estaban buenas.
—No sé —me miró con el ceño fruncido —disculpa si tengo la mente muy sucia, pero esperaba otra cosa.
Lo entendía, claro.
—Tus habilidades son muy buenas y agradezco tu gesto, pero fue lo mejor, además este cuarto no es nada íntimo. —me justifiqué, observando las dos camas.
— Genial, no pensé en ese detalle.
— ¿Y tú?, ¿me vas a contar con detalles, cómo te fue ayer en el bar del hotel?
De pronto los ojos le brillaron y sonrió con ganas.
—Estaba muy a gusto con Bill, hablando de todo un poco, ya sabes con él siempre hay mucho de que hablar —cambió de gesto por uno de inquietud —sólo que lo noté distraído, pero no me dijo los motivos.
—Debe estar estresado.
—No lo sé, yo diría que es algo más. —comentó mi amiga preocupada.
— ¿Te interesa Bill?
—Si, pero no como tú crees.
Fruncí las cejas, esa frase la había oído antes.
— ¿Entonces cómo es? —me miró pensativa.
—Si Bill me pidiera ser su novia acepto gustosa, es sólo que él no me quiere, ni yo a él, sólo me parece el hombre perfecto.
—El hombre perfecto —repetí —Eso quiere decir que aún quieres a… ¿Gustav?
—Lo adoro, y ayer me convencí de que ese sentimiento aún persiste.
— ¿Pasó algo? —inquirí curiosa.
—Gustav se aproximó a nosotros dos, y Bill se apartó para dejarme a solas con él, y hablamos en plan de amigos.
—Bueno, eso es algo.
—Después me besó y le correspondí.
Me quedé con los ojos como platos, ¿Gustav besó a Yun Sun?
—Yun Sun… —murmuré.
—Fue algo de los dos ¿Me entiendes?, sé que aún hay algo.
—Creo que sí —admití.
En cuanto conseguimos alistarnos, nos dirigimos al café de la suite, sólo faltábamos nosotras dos, instintivamente paseé la mirada para localizar a Tom y percibí la seriedad enmarcada en su expresión, que inmediatamente cambió por una sonrisa, en cuanto nuestras miradas coincidieron.
Lo mismo con Bill, que permanecía serio, y los demás se mostraban indiferentes ante ese detalle, que tal parecía ser yo era la única en notar.
En lo que iba la mañana Yun Sun y yo planeamos salir por las tiendas que se ubicaban por los alrededores del hotel, en busca de distracción. No había tenido la oportunidad de cruzar palabras con Tom, sólo a través de un pequeño mensaje en el móvil. “Esta noche preciosa”.
Esta noche…. Claro, en el casino había una fiesta privada, en la cual no podían faltar los chicos y Tom.
Así que me propuse comprar un vestido muy especial, del cual pudiera presumir esa noche. Esta vez no dejaría que ningún contratiempo lo arruine, claro que no.
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