lunes, 23 de noviembre de 2009

Capitulo_30_

9.00 Pm

Me miraba en diferentes ángulos delante del espejo, y me preguntaba si faltaba algún detalle. Durante el día había planeado una noche especial, y mi vestido era un buen comienzo.
Acomodé el fino tirante de Versage sobre mi hombro, e imaginaba el destino que correría en las manos de Tom.
La hora había llegado y al salir de nuestra habitación Yun Sun y yo encontramos a mi hermano, que se unió a nosotras para bajar al salón del hotel, me sentí fascinada al percibir miradas curiosas desplegarse sobre mí.
La emoción invadió cada espacio de mi cuerpo al distinguir unas rastas rubias sobresalir entre un grupo de gente, entre ellas Bill y Gustav, y más aún cuando nuestras miradas se encontraron. Noté que se habría paso entre la gente, acercándose sin prisa. Esperé serena sin hacer notar mi impaciencia, Georg estaba a mi lado, y limitaba desbordar mi emoción.
En un momento de distracción alguien me tomó del brazo y tiró de mí, apartándome hacia un extremo.

—Tom, ese no es el modo de esfumarse —comenté con temor.
— ¡bah! —Bufó —Nadie se dio cuenta.

Cerró mi cintura con una de sus manos, y con la otra apartó mi cabello detrás de mi oreja.

— ¿Hay algo que quieras decir que no pueda esperar? —pregunté, advirtiendo que nadie espiara.
—Si —alzó mi barbilla —decirte que estás hermosa con ese vestido —Me echó una vista rápida de pies a cabeza —no puede esperar.
—Oh gracias —musité rindiéndome en sus brazos, que me acorralaban contra la pared.
—Además de estar solos —dijo, trazando una línea recta con sus dedos por encima de mi escote.
—Lo estaremos —respondí, tendiendo la cabeza hacia tras, mientras él apretaba sus labios a mi cuello, delineando besos —Si tienes un poquito de paciencia. —añadí con un suspiro.
—Esperaré —subió con intenciones de besar mis labios y antepuse mi dedo índice a los suyos.
—Esta noche, después del juego de mesa, en el elevador.
—Iré.
—Hasta entonces —susurré a su oído, mordiendo ligeramente el lóbulo de su oreja.

Y volví, encontrándome cara a cara con Georg, que tenía el ceño fruncido.

— Me pareció ver a Tom —comentó, tendiendo la mirada por el gentío que se desplazaba por el lujoso salón.
—Ah, si, creo que ya viene. —respondí, restando interés a su pregunta.
—Bien, porque hay una mesa pendiente.
— ¿Vamos? —pregunté, encaminándome hacia las mesas de juego.

Noté que se había desprendido el tirante de mi vestido, y cambié de rumbo en busca del tocador, al salir tropecé involuntariamente con alguien, y ese alguien me era conocido.

— Bill —me trabé.
—Ten cuidado —dijo, dedicándome una sonrisa a medias y pasando de largo.

Llamó mi atención el hecho que me pasara de mí como si no me conociera, así que caminé decidida a averiguar qué pasaba.
Imaginé que iba a la mesa de juegos pero se dirigió a una zona privada, junto a Dave, me acoplé al par, formando un pequeño grupo de tres. Por un momento Bill no dijo nada, permanecía indiferente, y me fastidiaba que se mostrara frío, mientras yo ganaba tiempo intercambiando comentarios efímeros con Dave.

—Creo que Bill está aburrido —comenté, dirigiéndome hacia él.
—Imaginaciones tuyas —respondió con voz opaca, extendiendo la mirada sobre un grupo de personas que se contorsionaban sobre la pista de baile.
—No creo —le espeté.
— ¡Ejem! —Se aclaró la voz Dave, advirtiendo la situación —Si me buscan, estoy junto a los demás.
—Creo que yo también voy. —lo detuve, tomándolo del brazo.
—Te alcanzamos después —le indiqué a Dave, con una sonrisa fingida.
—Bien.
Bill me miró fijamente, a la cual correspondí sin plegarme, esperaba una respuesta.

— ¿Te pasa algo conmigo? —le reproché exasperada.
—No me pasa nada. —insistió. —No deberías estar aquí.
—Estás distante Bill —destrabé mi intranquilidad —Me haces sentir culpable ¿Sabes?
—Estoy cansado Nessie…
—Mientes. —le aseguré.
—No sabes nada.

Permanecí quieta junto a él, cruzando los brazos enfadada, ¿Quién se creía que era para mortificarme con su indiferencia?, pero no me iba ir sin conseguir alguna explicación.

De pronto suspiró pesadamente. Tomándome de las manos, y llevándome hacia la pista de baile, lo miré sin entender su repentino cambio.

— ¿Quieres bailar? —preguntó enlazándome por el talle.
—Creo que ya lo estamos haciendo ¿no? —Respondí sarcásticamente, rodeando su cuello.
— ¿Es un sí? — hice una mueca de molestia.
—Primero haces como sino te importara, y luego me sacas a bailar, no te entiendo.
—Lo siento —se disculpó apegando su rostro al mío —No quiero hacerte partícipe de mis problemas.
—Quiero ayudarte.
—Creo que no tiene solución —dijo deslizándome lentamente al ritmo de la música.
—Si me contaras talvez yo… —susurré, y aplacó mi suspiro con un beso tierno en la boca.

Por un momento me sentí confusa tratando de hallar una razón a aquel beso, empujando contra su pecho, pero afirmó con fuerza sus manos en mi cintura apegándome hacia él.
Sentí un ligero empujón que interrumpió aquel beso.

—Lo siento —se disculpó alejándose y giré instintivamente para ver, era Tom.
— No puede ser… —farfullé con el propósito de seguirlo, pero Bill me agarró de la mano.
—No volverá a suceder —me indicó.
—Estamos a mano —respondí confusa —Y dudo que vuelva a ocurrir, creo que también pequé de insistente y recibí mi merecido.

Lo dejé, buscando con la mirada a Tom, que había desaparecido entre la gente. Las cosas se me estaban yendo de las manos.
Después de examinar con la mirada cada rincón, logré ubicar a Tom, mis intentos se vinieron abajo cuando lo vi acompañado por una chica morena y fue como si hubieran dado una patada a mi orgullo cuando él le comió la boca y ella le correspondió con deleite.
Pero caminé con espíritu decidido hacía ese par y tropecé con la chica, haciendo que su bebida se le vaya encima del escote.

— ¡Oh! lo siento —me disculpé, alzando una mirada de ira a Tom, que me correspondió con una de irritación.
— Bonita ¿Acaso no ves por dónde caminas?—se quejó la morena. —arruinaste mi vestido.
—Y alguien arruinó mi noche —rezongué con voz frustrada.

Hice una mueca y me alejé buscando el acceso hacia el exterior del recinto, sentí unos pasos seguir los míos, mientras caminaba enfadada sin mirar atrás.

— ¿Qué crees que haces? —cuestionó Tom, tomándome del brazo.
—Dejarte en paz —respondí deshaciéndome de sus manos y volviendo a caminar.

Logró alcanzarme y me cercó contra la pared.

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