lunes, 23 de noviembre de 2009

Capitulo _32_

Las miradas indiscretas iban por ambas partes, me preguntaba si a estas alturas alguien debía tomar precauciones a la hora de vestirse. Agradecí el gesto de Yun Sun, por tomarse la molestia de llevar mi ropa a la habitación.
Mis labios dibujaron una sonrisa disimulada mientras conseguía abrochar mi blusa, Tom paseaba por la habitación de un lado a otro en bóxers, y era inevitable tender una mirada curiosa sobre su escaso vestuario, además de las poses que hacía al secar su cuerpo.

—Estuvo…genial... comentó con voz excitada, enfundándose sus pantalones anchos.
—Deslizar el jaboncillo por tu espalda fue tarea fácil—Respondí con tono de suficiencia, acomodando mi cabello frente al espejo de la cómoda.
—Vamos, que no sólo fue deslizar el jaboncillo…—dijo pícaramente, dejando lo demás a imaginación mía — ¿Verdad? — extendió la mirada sobre mí.
—Tonto… —me acerqué, deslizando mis manos por su pecho desnudo.
—Sin olvidar que al salir cerraste la puerta en mis narices. —me recordó.
—Tenía que hacerlo primero —Me defendí entre risas. —Y lo siento por tu nariz. —dije dándole un pequeño beso en la puntilla de la nariz.


Sentí sus manos pasearse lentamente por mi cintura, y deshacer los broches de mi blusa.

— ¿Huías de mí? —susurró.
—algo parecido.
—Huías de mí…

Mordisqueó sutilmente mis hombros, y no pude evitar rendirme en sus brazos.

—O no, a estas alturas nuestro próximo paso será la cama —exclamé, deshaciéndome de sus brazos, y abrochando mi blusa.
—Bien, ¡Adivinaste!
— ¡Lo sabía! —respondí, alejándome de él, para evitar caer en la tentación.


Llegamos al café privado del hotel, sin prestar importancia a las suposiciones que los demás pudieran hacer, al vernos juntos. Tom apretó mis manos por debajo de la mesa y susurró discretamente a mi oído.

—Georg lo tiene que saber —Di un ligero respingo.
— ¿Estás loco? —le respondí por lo bajo.
—Este… Hobbit —balbuceó Tom, tratando de empezar el diálogo —Hay algo que debes saber.

Georg lo miró interrogante, esperando a que Tom destrabara sus intenciones.

— ¿Debería saber? ¿Qué? —preguntó, con una sonrisa, tomando en broma aquellas palabras.
—Si, de hecho es un tema…
— ¡De hombres! —Prorrumpí —Y creo que lo pueden hablar después ¿Verdad Tom? —dije advirtiéndole con la mirada.
—Si —aceptó con mala cara —el tema queda pendiente para después. —Aclaró.

Suspiré aliviada.

Sin darme cuenta, me quedé charlando con Yun Sun en la mesa y los demás se habían esparcido por la suite, me levanté de inmediato al percatarme que no estaba Georg, Tom ni Bill.
Oí risas detrás de la pared que conducía a la mini sala de estar y di la vuelta.

—Ahora lo entiendo… —rió Tom.
—Admito que besa bien. —añadió Bill. —Supongo que lo sabes mejor que yo.

Reían animadamente, ya había escuchado lo suficiente como para sacar mis propias conclusiones, de lo que iba el tema de conversación.

— ¿Quién besa bien? —pregunté, apareciendo de repente.

Ambos dejaron de reír.

—La amiga de Tom —respondió Bill, levantándose y mostrándome una sonrisa, no me parecía del todo sincera.
—Ya no es mi amiga —aclaró Tom, tendiendo la mirada sobre mí.

Bill dio la vuelta y lo seguí, desapareciendo de la vista de Tom.

—Bill espera —lo detuve, tomándole del brazo —Lo de ayer…
— ¿Ayer? —soltó una risita.

Me encerró contra la pared, deslizando su dedo índice por mis labios, hasta llegar a mi escote.
Lo aparté de un manotazo.

— ¿Qué te hace pensar que me gustas? —me echó en cara irónicamente.

Lo miré con ira, no entendía por qué sus palabras dolían, “me dolían”. Lo empujé enfadada y di la vuelta, deseando no volver a verlo.

— ¿Pasa algo? —preguntó Tom, al verme entrar con aspecto irritado.

Me arrojé a sus brazos y hundí mi cabeza a su pecho, llorando profusamente.

—Hey nena, me preocupas ¿Qué pasa? —preguntó preocupado, reconfortándome con sus brazos.
—Ahora no Tom… —le supliqué.
—Bien, bien…—me abrazó más fuerte.

Estuvimos por un buen momento así, hasta que me animé a mirarlo.

— ¿Te sientes mejor?—asentí.
—No le digas nada a Georg…Tom. —le pedí. —Un tiempo más ¿Sí?
—Cuanto más tiempo… —lo callé con un beso.
— ¿Si?
—Está bien. —suspiró.
— ¿Tom? —pregunté. Aún sentía aquellas palabras taladrar mi mente y sólo Tom podía amortiguar aquel dolor.
—Dime preciosa.
—Bésame.

Enmarcó mi rostro con sus manos y asomó lentamente sus labios a los míos, apretándolos con ternura.
Cerré los ojos entregándome por completo a sus labios, pero me fue difícil conseguirlo, la imagen de Bill despidiendo aquellas palabras bloqueaban mis pensamientos.

—Maldita sea —gruñí.
—No es nada —me tranquilizó Tom, paseando sus dedos por encima de sus labios.
—Lo siento. —gemí con voz afectada. —te mordí.
—Creo que fue pasión. —repuso con una sonrisa. —Mucha pasión.

Dibujé una sonrisa y deslicé mis dedos por sus labios.

— ¿Y ustedes?
— ¡Georg! —si era él…

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