lunes, 23 de noviembre de 2009

Capitulo _35_

— ¿Alguna cita? —preguntó Yun Sun. Podía distinguirla a través del gran espejo mientras hablaba, se veía muy contenta.

Concluí que la razón era Gustav, claro, como ambos últimamente paseaban juntos, era de suponerse que era él, definitivamente.

—Creo que si.
— ¿Será posible que no estés al tanto? —Rió — ¿O no me quieres decir? —Se llevó una las manos a la barbilla —Has estado extraña en lo que va del día.
—Me tienes abandonada —respondí, fingiendo despecho —Debería presentar mis quejas a Gustav, no es justo, retiene todo el tiempo a mi amiga.

La sentí acercarse a paso rápido y rodearme.

—Admito que Gustav es el culpable de todo —aceptó con una amplia sonrisa —solamente Gustav.
—Genial, y me lo echas en cara.
—Pero nada comparado contigo preciosa, a ti dejarte nunca —dijo, estrujándome contra ella y pegando un sonoro beso en una de mis mejillas. —Eres mi mejor amiga.
— ¡Yun Sun! ¡Que se corre el rimel mujer! —me quejé, riendo a carcajada limpia. —Sabes, tú también lo eres.
— ¡amigas!
— Por cierto —me aclaré la garganta, para poder abordar con cuidado el tema. — ¿Y al novia de Gustav?
—La ex novia de Gústav —aclaró, sin perder el brillo en los ojos, ni la sonrisa en los labios —Rompieron antes del viaje, creo que todo estaba fríamente calculado.
—Oh.

No imaginé escuchar golpear la puerta a la hora indicada, miré instintivamente el reloj, marcaba las 4.00 de la tarde.

—Que chico puntual —suspiré mientras me alejaba hacia la puerta.

Me detuve antes de abrir, una sensación dominaba mi estómago y el corazón me latía intensamente.

—Control… Nessie abre la puerta, es sólo Tom. —me animaba a mí misma. —Claro sólo Tom… —y respiré hondo.
— ¡Que abras la puerta! ¿No escuchas que alguien toca? —se quejó Yun Sun.
—Lo sé, lo sé —contesté —Es sólo que me tiembla todo, parezco una gelatina —lloriqueé.
— ¡Es el efecto Tom! —gritó desde adentro.
—Si debe ser eso… —y abrí.

Estaba apoyado en la pared del frente, jugando con unas llaves, paseó los ojos sobre mí, de pies a cabeza.

—Ahora si creo que me miras como un bicho raro.
—Veo que estás liada con los bichos. —Comentó, dibujando una sonrisa — ¿Y sabes qué?
— ¿Qué? —inquirí.
—Si, te miro como un bicho raro
—Tan lejos mis suposiciones no estaban…—murmuré.
—Como tú no hay otra en tu especie…preciosa. —me rodeó de la cintura —Ven aquí.

Detuve sus intenciones de besarme, anteponiendo mi dedo índice a sus labios.

—O no jovencito, no me pareció justo dejarme con la intriga, así que los besos quedan pendientes, hasta que no haya intriga.
—Yo llamaría a eso venganza y con mayúscula.

Bajamos hasta la primera planta, y no saber lo que me deparaba al salir de aquel hotel me consumía los nervios.

— ¿No me puedes dar un pequeño adelanto? —pregunté, al salir.

Tom parecía tener todo bajo control, porque tiró de mí hacía el parking, cuidando de no lastimar mi mano izquierda.

—No —contestó categóricamente.
—Genial…
— ¿Besos?
—Tampoco —afirmé con el mismo tono de voz.
—Genial —musitó —Muchas chicas darían la vida por mis huesitos y tú me niegas un beso.
— Oh, debería sentirme afortunada. —comenté con un toque de ironía, lo era a no dudar.
—Muy afortunada.

Cruzó unos breves comentaros con un hombre que vestía elegantemente, y se giró satisfecho, además un hombre nos siguió detrás.

—Adelante señorita —me invitó, indicándome la dirección de un auto.

Subí desconfiada, Tom se acomodó junto a mí, parecía divertirle la situación, mientras el otro tipo se acomodaba adelante.

—Me indica dos cuadras antes de llegar, por favor —pidió Tom, al chofer.

El chofer miró por el espejo retrovisor, asintiendo.

— ¿Un chofer? —Pregunté en voz alta —interesante…
—Y un guardaespaldas.

Me deshice de la pequeña chaqueta, dejando al descubierto mi camiseta sin mangas, y deslicé mi cabello hacia atrás, con movimientos leves e insinuantes.
La distancia que había entre ambos, se volvió casi nula, cuando Tom se asomó deslizando sus manos por el perfil de mis piernas.

— ¿Me dirás dónde vamos? —pregunté, al sentir sus labios buscar los míos.
—Intento fallido —dijo finalmente, separándose y dibujando una sonrisa pícara.
—Al menos lo intenté —suspiré, buscando apoyo en el espaldar del asiento. — Pensé que ya lo tenía.
—Tranquila, falta poco. —me aquietó, acariciando mi mano.

No fue mucho lo que tuve que esperar, aunque cada minuto me parecía una eternidad, nunca antes, estaba tan ansiosa como lo estaba ahora.
Sonreía cuando el chofer, comunicó a Tom que faltaban dos cuadras.

—Ahora sólo tienes que cerrar los ojos. —dijo, acercándose y garantizándose que los cerrara.
— ¿Es necesario? —Pregunté.
—Requisito principal.
—O bien, bien… —murmuré, apretando los ojos.

Sentí las manos de Tom removerse cerca de mi rostro.

— ¿Segura que no ves nada?
—Segura. —Sentí sus labios apretar los míos. — ¡Eso es trampa Tom Kaulitz!
—Hey eso no te da derecho a abrir los ojos —me advirtió, echando a reír.

Esperé instantes.

— ¿ya? —pregunté de nuevo.

El auto se detuvo.

—Llegamos.

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