miércoles, 9 de diciembre de 2009

CAPITULO_38_

Gracias Georg, gracias, de verdad ¡MIL GRACIAS!…tus intromisiones terminan por impacientarme.
Yun Sun y Gustav parecían siameses y claro que estaban pasándolo bien, y no quería molestarle, por lo que me resigné a seguir a Georg.

¿Qué hago ahora? —Me preguntaba, al tiempo que aparentaba una sonrisa encantadora y Georg hablaba hasta los codos con Mike —primo de Dave. —y Dave por supuesto, que era el más interesado en presentarme a Mike, eso dos se habían puesto de acuerdo, de eso estaba segura.

Suspiré sonoramente al divisar a Tom, acompañado por una chica.

— ¿Cómo fue a parar aquella rubia con Tom? —pregunté omitiendo la conversación existente, y estirando el cuello, para mirar por encima del hombro de mi hermano.

No lo había visto hasta ese entonces, porque demoré en bajar a aquel gran salón de baile.

—Sólo tuve que darle un pequeño empujoncito —se jactó Georg, como si fuera una gran hazaña, haberle presentado a aquella chica de buenas curvas. —No es normal que esté tranquilo, sin echar el ojo a alguna chica, así que sólo intervine, para que las cosas sigan un ritmo…normal.

Al menos la iniciativa no había sido de Tom, así que lo tomé como un compromiso.

—Buen trabajo entonces —palmeé el hombro de Georg, con fuerza y añadiendo una pizca de venganza —Tus intervenciones, suelen ser oportunas.
—Parece estar pasándolo bien —comentó Mike, deslicé la mirada y me encontré con la suya, que me contemplaba con curiosidad. —Quizás te preocupas mucho, por él. —esta vez, lo dijo con recelo.
— ¡bah! —Intenté opacar sus sospechas —claro que me preocupo, velo por su integridad, Georg también lo hace, ya vez que le dio un empujoncito.

Quizás yo también debería darle otro empujoncito, pero de a de veras.

—Se que me dará las gracias —dijo Georg.
—o si, claro, claro —murmuré y volví la mirada hacia la copa que tenía en manos.

Intenté seguir el hilo de la conversación con fingido interés, mientras una que otra vez desviaba la vista hacia la dirección de Tom, era inevitable no hacerlo inconscientemente. Imaginé que él también hacía lo mismo en cuanto percibí que me observaba con disimulo, hasta que su acompañante se giró, siguiendo la trayectoria de la mirada de Tom, y se encontró con la mía, enarcó las cejas y le rodeó con sus brazos, dando a entender que tenía dominio de él.
Entonces Tom se deshizo de sus brazos sin parecer grosero ni poco amable.

—Así está bien —dije, para mis adentros, mostrando una sonrisa maliciosa.


No me sentía insegura de ver a Tom con chicas o con alguna en especial, quizás era la costumbre de haberlo visto muchas veces, pero una parte de mí era egoísta y sólo lo quería para mí. — ¿celos? —claro que no, sacudí la cabeza quitándome ese pensamiento, no quería parecer tonta.

—Vanessa ¿Qué dices? —preguntó Mike.
— ¿eh? ¿De qué? —respondí confusa, sin tener idea de lo que iba el tema.
— Bueno, si tendrías experiencia en el jumping.
—No me agradan las alturas —respondí inmediatamente.
—Háblale de pistas o de autos —rió mi hermano —adora ese tipo de cosas.
—Genial, quizás algún día te animes a mostrarme tus habilidades.

Georg, me estaba comprometiendo con aquel chico, y era lo menos que quería.

—Si ese día llega…—murmuré y Georg me miró con mala cara, y le saqué la lengua.
— ¿Decias? —inquirió Mike.
—Nada…
—Quizás quieras bailar. —comentó.
—Vamos, diviértete que pareces una ostra —me animó Georg, adrede.
—Ostra me vienes a decir —refunfuñé —Quizás después.
—Venga, entonces después. —me recordó.

Estuve distraída mientras hablaban de lo uno y lo otro, hasta que Mike, se asomó para hablar más en privado.

—Pensé que tenías novio —ronroneó.
— ¿novio? —me sorprendí, ante el repentino comentario—Que va…novios son los que se van a casar y yo no tengo novio.
—Eso quiere decir que ¿sí?
—En realidad no.

Pensé en lo que éramos Tom yo, y no podía definir lo que éramos en verdad —más que amigos—sólo eso.

—Bien, bien —noté, que Mike dibujaba una sonrisa.

Dí un último trago, ideando cómo desaparecer de aquella fiesta y salir a respirar aire, ya que era imposible hacerlo en un lugar abarrotado de gente, humo y música estridente.

— ¿Alguien tiene un encendedor? —pregunté.

Georg me miró interrogante.

—No sueles fumar…
—Bah, no es todos los días Geo… — le espeté — bien, veo que nadie tiene…
— Tengo uno — se ofreció Dave de voluntario y vi cómo Mike entornaba las cejas en señal de desaprobación.
— Genial

Di una calada y expulsé el humo casi en las narices, de aquel muchacho, con la sola intención de que fastidiarlo, era evidente que no solía fumar, por las veces que carraspeaba al sentir aquel delicioso olor a nicotina.

Iba por el tercer cigarrillo, y Georg, percibía los propósitos de mi faena, y por lo que pude ver en su expresión, tenía la seguridad que sabía que no estaba a gusto.

—Pensé que te sentías sola —comentó mi hermano, vencido, y alcanzándome una cajetilla de cigarros —espero no termines con todos esta noche. —rió inaudiblemente.
—No me siento sola, hobbit —respondí con voz tranquila, al sentir que se mostraba comprensible —No necesitas conseguirme un novio, que no lo necesito.
—Genial, reconozco que soy muy malo haciéndolo.
—Creo que si.
—Mira yo… —estaba dispuesta a decirle la verdad, pero el muy hobbit me interrumpió fatalmente.
—Lo sé, lo sé, ya estás grande, que puedes hacerlo tu sola y bla bla… —contó con los dedos cada una de ellas.
—Si eso… —dije, mordiéndome la lengua para no añadir más.
—Tranquila, que cuentas conmigo —me rodeó con sus brazos y me dio un pequeño apretón. —No lo dudes.

Me sentí mal, al darme cuenta que traicionaba su confianza, escondiendo lo mío con Tom, Georg lo tenía que saber….

—Si no te molesta, voy a respirar aire… —le pedí, y el asintió.


Me alejé a la puerta que daba hacia el gran jardín y busqué apoyo sobre uno de los árboles, que rodeaba aquel recinto. No había mucha gente, sólo uno que otro par que disfrutaba del aire fresco, y la intimidad.
Miré la cajetilla de cigarros y tomé uno de ellos, Georg estaba equivocado, y claro que estaba dispuesta a terminar con todos, así que empecé por el primero.

—Maldita sea… —gruñí —necesito un encendedor.

Alguien extendió un encendedor, prendiendo fuego a mi cigarrillo.

Reconocí aquellas manos, y me giré para verle, era él… ¿que hacía aquí?

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