miércoles, 9 de diciembre de 2009

CAPITULO_39_

Uñas matizadas por un color negro, y aquel tatuaje que sobresalía por debajo de la manga de su chaqueta oscura...inconfundiblemente Bill.


— ¿Hace cuánto tiempo estás aquí? —Pregunté desconfiada.
—Hace mil años.
—Idiota… —comenté por lo bajo, pasando de él y dirigiéndome a una de las bancas que descansaban debajo del árbol.

Me senté muy enfadada conmigo misma, porque no podía ocultar mi exasperación ante su sarcasmo. Crucé los brazos, rendida al sentir que me hacía compañía.

—No hace falta que me acompañes —rezongué.

Inclinó el peso de su espalda, sobre el respaldo y cerró los ojos, ignorando mi advertencia.
Permanecí con los brazos cruzados, esperando contestación alguna, pero el silencio se prolongaba a medida que la esperaba.
Hice ademán de levantarme y tomó mi mano, haciendo que volviera a mi lugar, aún sin abrir los ojos.

—Talvez es por estar más tiempo junto a ti. —dijo al fin. — ¿Te irás?
—No, claro que no… —murmuré. Estaba algo confundida, no era lo que me esperaba. —Creo que puedo resistir un tiempo más.
—Lo dices como si te fastidiara estar junto a mí.

Contemplé su rostro sereno, que tenía la mirada al cielo, mientras hablaba con infinita naturalidad.

—Es sólo que…—trataba de ordenar mis ideas, para echarle encima la lista de quejas, era mi oportunidad de hacerlo…

No, una lista no, mejor algo más preciso, pero no hallaba las palabras precisas.

— ¿Es eso? —inquirió, mientras lo pensaba.
—Si…digo no…bueno si —farfullé —Es decir, que antes…era más sencillo permanecer junto a ti, sin inquietarme por saber que es lo que harías después, pero ahora…
— ¿qué?
—Ahora es difícil, y no digo que me fastidie estar junto a ti, pero me siento incómoda cuando no me dices nada y de pronto me sorprendes con algún comentario agradable y después cambias así de la nada…y no sé si estas bien conmigo o no…no sé si estamos bien o mal, eso es.

Respiré tranquila, después de aligerarme de aquel peso, y haberlo dicho, me hacía sentir mejor, de alguna manera.

—Antes tenía la certeza que sólo era yo y no alguien más.
—no entiendo…
—Pero ahora es sólo él, mi…—apretó los ojos, como si le costara continuar, pero no lo hizo al fin.
—Bill, quisiera poder hallar sentido a lo que dices, pero no puedo... —susurré frustrada.
—Antes sólo éramos Tom y yo, ahora supongo que tendré que acostumbrarme a oír tu nombre también…

Genial, ya lo entendía todo…celos.

—Creo que si Georg llega a tener una novia oficial, sentiría lo mismo. —comenté.
—Es sólo cuestión de acostumbrarse, cuando pase lo mismo con Georg, lo entenderás mejor.
—Hasta que eso pase —respondí.

Imaginé lo que sentiría Georg, de enterarse que estaba liada con Tom. Claro que no le haría gracia, de eso estaba segura.

—Entonces, hasta que eso suceda —rió entre dientes—prometo no ser tan impredecible cuando estoy contigo.

Se reincorporó junto a mí, extendiendo la mirada sobre mi rostro, que aún permanecía confuso, tomó mi mano acariciándola con cuidado.

—Tiene mejor aspecto —comentó, deslizando la mirada sobre la casi invisible venda, que cubría el corte.
—Bueno, creo que el doctor Kaulitz hizo un buen trabajo —reí. —Sabes, eres un aburrido, deberías estar junto a los demás, divirtiéndote.
— ¿Y qué me dices de ti? —Respondió, enmarcando una sonrisa hipnotizadora —Deberías estar junto a él.
—Me dejó por una rubia de buenas curvas —respondí, con voz afectada y fingida —además Georg estaba preocupado en conseguirme un candidato para sanar mi mal de amores, y de eso paso.
—Quizás deberías hacer eso con Georg, algo así como devolverle el favor…
—Es una buena idea, después de todo, no está nada mal
—Hay muchas voluntarias.
—Sé que tú las tienes más.
—Más que Tom, Georg y Gustav…de eso muy seguro.
—Eres un presumido, siempre lo has sido —sonreí. —Y creo que se atrae.
— ¿Te atraigo? —preguntó, tomándome con la guardia baja.
—Creo que eres muy presumido.
—Eso es un ¿sí? —ronroneó, melosamente.
—Ejem…—traté de figurar seriedad —Creo que sabes la respuesta.
—Quiero oírlo.
—Si —admití, con las mejillas sonrojadas, algo que escapaba de mi voluntad. —y creo que preguntas demasiado.
—Tranquila.
—Gracias.

Al cabo de un tiempo de permanecer en silencio, me di cuenta que reposaba sobre su pecho, mientras sus brazos me rodeaban, y no quería hacer el mínimo movimiento para arruinar aquel momento, lo disfrutaría mientras durara.

Caí en la cuenta que Bill era alguien de quien no podía prescindir, y no entendía por qué siempre terminaba por rendirme ante él, quizás era una masoquista, era eso…el gusto de sentir que sus repentinos arrebatos, sólo hacían que le tomara más importancia.
Y al final sólo escuché su voz canturrear aquella canción, con la cuál cerré los ojos.

Nadie sabe como te sientes
No te gusta que nadie te vea
El día era oscuro
y lleno de dolor.
Escribes ayuda
con tu propia sangre
Porque la esperanza es todo lo que tienes.
Abres los ojos
pero nada ha cambiado.

No quiero causarte problemas
No quiero permanecer demasiado tiempo
Sólo vengo a decirte...

Date la vuelta
Estoy aquí
Si tu quieres me verás
No importa
Lejos o cerca
Puedo sostenerte
cuando tu llegues por mí

Tu vida es un sinsentido.
Tu diario está lleno de basura
Es duro conseguir estar juntos
con las manos vacías.
Tu buscas el arco iris
pero este murió hace poco
Intentaré brillar sólo por ti hasta el final.

No quiero causarte problemas
No quiero permanecer demasiado tiempo
Sólo vengo a decirte...

Estoy a tu lado
Sólo por un rato mientras

Date la vuelta
Estoy aquí
Si tu quieres me verás
No importa
Lejos o cerca
Puedo sostenerte
cuando llegues por mí

Si el mundo te hizo confundirte
Y tus sentidos parecen perdidos
Si la tormenta no quiere dejarte
Y tu simplemente no sabes que hacer
Mira alrededor
Estoy aquí
No importa
Lejos o cerca

Estoy a tu lado
Solo por un rato mientras...
Nosotros lo haremos si lo intentamos.

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