miércoles, 9 de diciembre de 2009

CAPITULO_42_

Tarde aparentemente tranquila, portátil desconectado, ventanas abiertas y las paredes de mi cuarto.
Oh, Tom… él si debía de estar bien, o se suponía que así debía ser, de lo contrario hubiera dado señales de humo o algo parecido, entonces estaba bien y yo también….sólo que, después de despertar y verlo junto a mí, todos los días de aquella semana, me hacían abrigar un sentimiento de nostalgia, pero no estaba triste ni nada parecido.
El reloj apuntó las 6:00 de la tarde, se supone que la cena esperaba, y tenia que trasladar el peso de mi cuerpo hasta el comedor, además mi estómago gruñía.

— ¿Nessie es Tom por el teléfono! —vociferó mi madre, desde el primer piso, antes que bajara.

¿No puede decirlo más fuerte?

Su voz resonó hasta mi habitación, y me levanté atropelladamente para coger la llamada, de la que suponía que era una señal de humo.

— ¿Pasa algo? —pregunté precipitadamente.

Percibí que reía al fondo del teléfono.

— ¿Sólo se puede coger un teléfono en casos de emergencia?
—Bueno, para ordenar pizza también.
—Pues yo no, hay alguien que lo hace por mí.
—que holgazán…
— ¿Imaginas una fan desequilibrada como repartidora de pizzas?
—Sólo imagino a la víctima—reí y guardé silencio por un instante prolongado.
—Sabes —habló con voz serena —estos días he estado penando en ti mucho, y eso me preocupa.
—Siento mucho ser la causante de tu preocupación, aunque no debería sentir compasión, porque tú eres culpable de mis pensamientos, puesto que sólo apuntan a ti.
—Que considerada…—bromeó — ¡ah! Por cierto Gibson está junto a mí y te manda saludos.
—No la oigo…
—Aquí va…

Escuché que rasgueaba las cuerdas de su guitarra, una melodía desconocida pero armoniosa.

—Dice que te extraña…
—Emmmm, dile que yo también.

Reímos al mismo tiempo.

—Bill ha estado inquieto estos días, y me ha tratado peor que a un esclavo, he hecho todo en cuanto se le ha antojado hacer, acompañarlo a comprar sets de maquillaje, cocinar para él, ayudarle a buscar un gargantilla, que según él, es como un amuleto, además de atender a sus mascotas, que también son las mías pero el tiene más autoridad sobre ellos ¿no?, ¡joder, que aquí soy el guitarrista no el sirviente de Bill!
—O sería genial maltratar a Georg así... —Carcajeé —en mi caso hobbit ha estado muy raro estos días conmigo, desde que volvimos a pisar Alemania exactamente, se ha portado muy amable, como si esperara que de un paso en falso para atacar.
—hermanos… —rió.
—Supongo que las cosas marchan bien…
—Bueno en casa todo está bien, sólo que pienso que Bill debería ser mi esclavo por un día también, y he decidido que será mañana, quizás deberías venir…
— ¿Es una invitación?
—Sólo quiero que veas como someto a Bill.
—Bueno, no voy a ver cómo sometes a Bill, pero será genial pasar la tarde con ustedes.
—Te estaré esperando entonces…

Colgué el teléfono y bajé con una sonrisa en el rostro.

—Parece que permanecí entretenida ¿Aún no han cenado? —pregunté a mi madre, puesto que sólo estaba ella.
—Te esperaba cariño.
— ¿La abuela ya se fue? ¿Y Georg?
—La abuela está en la cocina, y Georg salió hace poco, creo que llevaba prisa, e iba muy pero muy bien cambiado. —insinuó ella.
—De seguro iba tras unas faldas…
—Bueno, creo que esas cosas del amor están cambiado el ánimo de mis hijos, y suelen llevar prisa últimamente o estar entretenidos…

Genial, lo último lo decía por mí.

—Ideas tuyas —le indiqué.
—Dime cariño ¿Te gusta alguno de los Kaulitz?
—Bueno uno de ellos, pero gustar lo que se dice gustar no, pero si somos buenos amigos —mentí, y sentía que mis mejillas ardían del sonrojo que mi madre parecía advertir.
—Vanessa…—insistió mi madre.

Me di por vencida, me conocía como la palma de su mano y mis mentiras eran un fracaso cuando la tenía enfrente.

—Quizás algo por ahí con Tom.
— ¿Algo?
—Bueno, algo parecido a ser novios….
—aha…—insinuó. —Sólo les pido que tengan cuidado y esas cosas, que los jóvenes tienen las hormonas a flor de piel…
—Mamá…—me quejé.
—Está bien, está bien…pero cuidado. —hizo una pausa y continuó frunciendo el ceño. —Por cierto la semana pasada, recibiste llamadas desde Francia.
— ¿Era papá?
—No, creo que un chico, Paúl, Pepe… o creo que algo con pe.
— ¿Pierre?
— ¡si! Ese mismo nombre…

Me estremecí por un momento, ¿Cómo había averiguado mi número telefónico?, si en la guía de teléfonos no figuraba nuestro apellido, porque estaba como privado.

—Em, dile que no vivo aquí o que morí, si eso, será lo mejor. —respondí.

Me quedé con la pesadumbre de volver a escuchar el nombre de Pierre, y más aún porque esto se podía volver en acoso si seguía su nombre en la lista de llamadas.

Al siguiente día después de hacer una visita de rutina a Yun Sun, me orienté hacia la casa de los Kaulitz.
Pulsé el timbre sin ningún problema, al menos no necesitaba tomar aire ni respirar profundo. —Lo tomaré como buena señal. —me dije.

Simone se mostró muy contenta en cuanto me vio, y luego de una breve charla me condujo hacia la cochera.

—Llevan un buen tiempo metidos allí —me indicó sonriente. —Espero que te sientas cómoda.
—Eso espero —respondí y la vi alejarse.

Bien, como sospechaba ahí estaban ellos dos, enfundados en pantalones piratas, Tom llevaba una playera sin mangas y Bill una camiseta negra.
Hasta que Bill deslizó los ojos con presunción.

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