Pasé una mirada curiosa sobre su peculiar vestuario, y arqueé las cejas tratando de entender a qué castigo Tom sometía a Bill, y no tarde mucho en llegar a la conclusión, vi cubos cargados de agua, y una manguera.
Bill se aproximó a mí, sin dejar de presumir esa sonrisa.
—Y llegaste a tiempo, porque hace falta un par de manos para terminar de lavar este artefacto —añadió, y me arrojó un trapo el cual cogí por inercia.
—No es un artefacto Bill, se llama auto —aclaró Tom, desde el fondo de la cochera.
—Lo que sea, da igual…por culpa de ese aparato voy a coger una resfriado.
—O debí imaginar que dejar impecable tu auto era una idea, pero no la consideré entre las posibilidades…Tom—comenté, escurriendo el trapo húmedo. —Bueno, creo que puedo ayudar.
—Bill y yo quisimos dejar impecable a esta preciosidad pero terminamos mal —Dijo Tom sonriendo, paralizándose frente a m í.
Hablaba de su auto, como si tuviera vida propia.
Estaba mojado al igual que Bill y me detuve antes de precipitarme a él y con cuidado oprimí mis labios a los suyos, pero me rodeó por la cintura apegándome a él.
—Estás mojado… —me quejé con voz suave, dando un leve respingo al sentir su playera húmeda empapar mi ropa.
— ¿Aún tienes ganas de ayudar? —rió maliciosamente.
—Tengo esto en mis manos —alzé el trapo —Y creo que es un buen comienzo.
—Está bien señorita…— y giró hacia Bill. — ¿¡Bill!?
El referido miró a Tom y ambos cruzaron miradas de complicidad.
—Aquí la señorita necesita ayuda, que yo voy a conseguir más cubos.
Lo miré con incredulidad.
—Está bien, muy bien —murmuré.
Tom desapareció dejando a Bill a sus anchas para que ejerciera dominio sobre mí, porque no me apetecía hacerle frente, aún no, cierta desconfianza me carcomía el borde de las costillas en cuanto él y yo estábamos solos.
—Bien, puedes ocuparte del capó, que está hecho una porquería —dijo sin más, tomando la manguera entre manos y mojando la parte trasera del auto.
—Ok.
—Estas muy callada —observó Bill, sin desentenderse de su trabajo.
—No pasa nada, es sólo que no tengo nada que decir…—Respondí, pero en el fondo me moría por hablarle hasta los codos de comentarios banales.
—Estás así desde hace mucho —insistió.
—Ideas tuyas.
—Sabes me recuerda a la vez cuando teníamos doce años y te dí un beso delante de tu grupo de amigas.
—Lo hiciste para fastidiarme, porque sabías que tú le gustabas a ellas.
—Dejaste de hablarme casi por un mes.
—Merecías un castigo ¿no?
¿A qué venia evocar viejo recuerdos?, de aquellos que no se podían olvidar.
Aquel día, salía con mi grupo de amigas de las clases de física y Bill se detuvo frente a nosotras, impidiéndonos el paso, inmediatamente ellas revolotearon, alborotadas por la presencia de aquel niño, ya que se asomaba a la línea de la perfección, y yo intentaba esconder mis sentimientos mostrándome indiferente.
Y fue entonces que saludó a cada una de ellas y cuando llegó a mí, me tomó por sorpresa con un beso en los labios. —Mi primer beso —y estaba tan sorprendida como turbada, pero se convirtió en rabia en cuanto Bill llevó como pareja de baile a nada más y nada menos que a Inna, la chica más popular de su clase. —genial, eso alimentó mi orgullo para dejar de hablarle, casi por un mes.
— ¿Lo recuerdas? —preguntó.
—si, si claro, siempre hacías difícil mi existencia…
—Bien, a eso iba.
Se acercó a mí, y reduje el ritmo, parecía venir en son de paz, así que no me mostraría a la defensiva.
— No quiero hacerlo ahora —dijo tranquilo, y me ayudó a limpiar el capó, obligándome a verlo.
—Eso está bien Bill, pero creo que últimamente no lo has hecho, así que tranquilo.
—Parece que si, porque estás callada…
—Que no estoy callada Bill —insistí y me detuve.
Tom apareció en ese instante y nos quedamos mudos.
— ¿Ya le confirmaste que estás enamorado de ella? —dijo Tom, dirigiéndose a Bill.
—En eso iba.
Esto era un complot de los Kaulitz, y tenía la certeza que esos dos habían hablado, y a estas alturas no había nada que temer, porque Bill no parecía afectado ni nada.
— ¿Y todo es así de simple? —inquirí con voz sumisa.
—O claro que no, le advertí a Tom que si se atreve a hacerte daño, se las verá conmigo.
—Ese detalle no era necesario Bill —le aseguró Tom.
—Oh…¿De verdad?
—Bueno si Tom está bien yo también.
Me quedé mirándolos sin decir nada, con la ropa casi mojada y los ojos como platos, las cosas eran muy simples.
— ¿Imaginabas drama? —rió Bill
—No se, creo que algo parecido.
—Creo que no está en sí Tom —comentó Bill, confabulando con la mirada una travesura.
Y ambos rieron maliciosamente, tomé precauciones, al advertir la manguera.
En estas circunstancias, no tenía escapatoria por ninguno de los lados, porque Bill obstruía el paso, extendiendo los brazos para darme caza, claro que si empleaba la fuerza, el pobre no terminaría bien, al menos su contextura delgada me daba a elegir aquella posibilidad, pero su enorme altura de casi dos metros me decía lo contrario.
—Bill, das un paso más y yo…—dije con tono amenazador.
—Bah, puedes hacer lo que se te venga en gana, pero no ahora —respondió.
— ¡Vamos Bill! —vociferó Tom.
—Tom…..—gruñí
Y Bill me atrapó con los brazos, me revolví tanto como pude dando pequeños gritos de auxilio, para desengancharme pero fue un intento inútil, mientras Tom se avecinaba con el arma homicida.
— ¡Nooo! —chillé.
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