Quedé completamente mojada como un cachorrito empapado, de pies a cabeza, al igual que Bill. No perdí tiempo en cuanto me liberó y me fui encima de Tom, con intención de quitarle aquella manguera, pero fue más listo, y siguió mojándome, mientras Bill reía a carcajada limpia detrás de mí.
Tiempo después de aquella lucha de dos contra uno, terminé riendo a carcajadas junto a Bill, porque Tom, resbaló encima de los cubos y aproveché aquella oportunidad para liquidarlo.
— ¡ASHUUUU! —estornudé, cuando terminó todo.
—Será mejor que nos cambiemos —previno Tom, quitándose la playera y escurriéndola.
—No tengo ropa —expliqué, tomando el borde de mi blusa y escurriéndola en vano, porque de nada servía hacerlo.
—Es cuestión de ingenio mujer, mientras tu ropa seca.
—Las camisetas de Tom, parecen bolsas de basura — dijo Bill, con un tono sarcástico y extendiendo las manos —porque son así de anchas.
Reí por lo bajo, intercambiando miradas con Bill.
—Así que para tu desgracia, tendrás que usar las de Bill —suspiró Tom.
Primero nos arrastramos hasta la habitación de Bill, Simone nos vio subir las escaleras y reprendió a los gemelos al verme mojada. Me declaré mártir cuando declaré que yo también había intervenido, con parte de culpa en aquello.
—Tranquila cariño, tú eres un ángel —me dijo. —Y cambia esa ropa, que puedes coger un resfriado.
—Gracias. —sonreí de oreja a oreja.
Bill alargó los brazos para alcanzarme una camiseta regularmente de mi tamaño, algo más grande que mi talla a simple vista.
— ¿Y bien? —Levanté las cejas, extendiendo la mirada hacia los dos, que aún permanecían dentro — ¿Me dejarán cambiarme?
—O si, claro, si deseas, por allá están unas toallas…—farfulló Bill.
—Yo te ví en prendas menores, pero bueno seré imparcial —dijo Tom, alejándose tras Bill.
—Tontos…—murmuré y cogí aquella camiseta.
Busqué una toalla, para secarme el cabello y en cuanto me acomodé la camiseta de Bill, ví que encima de su cama reposaban unos shorts y supuse que eran parte de la indumentaria.
Extendí mi campo de visión hacia los rincones de su habitación, y cierta curiosidad me invadió al ver que estaba sola, Me acerqué a la mesilla que reposaba a lado de su cama y cogí una pequeña foto que reposaba encima.
En ella figuraban Bill y Tom, de pequeños, se les veía tan inocentes, además de regordetes y tiernos, que era casi imposible reconocer que esos dos niños eran casi unos adultos, que podían valerse por sí mismos.
—Par de engendros…. —murmuré con risa contenida —Son tan lindos.
Y di la vuelta a aquel papel y en ella una nota, al pie.
Yo oigo cuando gritas silenciosamente
yo respiro cada respiración tuya
incluso si el destino nos separa
no importa lo que venga después lo compartiremos…
yo respiro cada respiración tuya
incluso si el destino nos separa
no importa lo que venga después lo compartiremos…
Siempre apoyaremos uno al otro.
Después de leer cada palabra, me quedé contemplando las dos últimas líneas que resaltaban más que las anteriores, eran como si hablaran por sí mismas, escritas con un sentimiento especial…de aquel, que sólo podían sentir dos hermanos conectados entre sí, que compartieron nueve meses un mismo espacio, y que comparado con su convicción de seguir juntos, podían hacerlo la vida entera.
Siempre apoyaremos uno al otro.
Por último, quedé atrapada en esa última oración…me recordaba a Tom, lo había escuchado decir antes, “Si Bill está bien yo también” y hoy precisamente Bill lo había reiterado “Si Tom está bien yo también”.
Y aquello apuntaba a la manera en que Bill disimulaba el amor que sentía por mí, como si nada pasara y todo marchara con toda la naturalidad del mundo.
—Es por Tom…
Minutos después, alguien tocó la puerta, recordé entonces que Bill esperaba fuera, dejé la foto.
— ¡Ya estoy lista! —le avisé.
Entró cuidadosamente.
—tranquilo, que ya estoy disfrazada. —bromeé.
—Te queda bien…—observó.
— ¿de verdad? —inquirí, dándome una vuelta.
—Es mi ropa ¿no?, te queda bien.
— ¿bien bien o bien mal?
—Bien bien…—me dedicó una sonrisa y me sentí conforme—Pareces una niña presumiendo un vestido nuevo.
— ¿una niña?
—Una niña grande y presumida.
— ¡ja!
Y se giró para deshacerse de su camiseta en mis narices.
Me quedé observando su cuerpo delgado, mientras el secaba su torso con una toalla, después se metió en el baño y salió con tan sólo una bermuda, busqué dentro su clóset una camiseta y con paso tímido se la extendí.
—Gracias.
Después de permanecer en silencio, alargó los brazos para recibir mi ropa mojada, y se la di con desconfianza.
—No harás algo perverso ¿verdad? —Pregunté —Porque sabes lo perjudicial que…
—Tranquila —me interrumpió.
Intenté morderme la lengua y no decir nada, pero lo detuve antes que saliera por la puerta.
Tenía que preguntarle…
— ¿Bill?
Se giró hacia mí.
— ¿Olvidé algo?
—No, no…es sólo que
¿Por qué me entraban los nervios? ¿Por qué no decirle, “estuviste enamorado de mí, todo este tiempo y no me dijiste nada?
Pero sin embargo estaba ahí, mirándole como tonta.
— ¿estás bien?
—Si, si, bueno, por qué decidiste todo este tiempo portarte mal conmigo y no confesar que…
—No hubiera servido de nada, o ¿sí? —preguntó.
—Talvez si, porque estoy confundida —admití, con voz entrecortada pero sincera.
— ¿Eh?
—Olvídalo —seguí y me levanté —Ah, del sujetador me encargo yo…
—Como tú quieras —rió. —De todas formas da igual
Y desapareció.
Enseguida Tom apareció, y me miró con los ojos muy abiertos, como si tardara en reconocerme, me dio la impresión que quería soltar una carcajada, pero lo miré con mala cara.
—Hermosa. —dijo.
Sus labios dibujaron una sonrisa que hacía que un cosquilleo recorriera el borde de mi cuerpo y el corazón latiera descompasadamente, su rostro travieso e inquieto, tan parecido a Bill.
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