miércoles, 9 de diciembre de 2009

CAPITULO_45_

Nuestras miradas coincidieron y aquella pregunta se desvaneció.
Dibujé una sonrisa tímida, asomando mis labios a su oído.

—Bésame —susurré.

Curvó los labios, presumiendo una sonrisa traviesa y levanto mis manos para ponerlas alrededor de su cuello, y me levantó lentamente, envolví mis piernas alrededor de su cintura, sin dejar de besarle.
Sentí que me llevaba en brazos a través de la puerta hasta llegar al pasillo, donde empujó una de las puertas y adentramos en ella. —Su habitación.
Me tumbó encima de la cama, mientras deslizaba una de sus manos por el interior de mi camiseta.
Me estremecí cuando alguien dio la vuelta al pestillo de la puerta y como reacción rápida empujé de un solo impulso a Tom, hacia el piso.

—Aaauu—gimió Tom, torciendo el rostro de dolor.
—Lo siento —me disculpé — ¿Estás bien?
—Nessie sucedió un accidente con tu blusa—informó Bill, desde la puerta— ¿Tom, qué haces en el piso?

Tom y yo la miramos al mismo tiempo.

—Estoy buscando mi reloj —respondió Tom, simulando buscar en el piso.
—Tu habitación es un completo caos, quizás están entre tus ropas.
—No, no no, yo recuerdo que las dejé por aquí —siguió buscando.
—Debe estar por ahí —le aseguró
— ¿Qué sucedió con mi ropa? —pregunté preocupada.
—No alarmes, sólo que las puse con las ropas de color y tu blusa solo cambió a un blanco con aplicaciones azules.
— ¿Las pusiste con los pantalones Bill? —inquirió Tom.
—No, bueno si…pero no quedaron tan mal….después de todo
—No importa, no importa —conseguí sonreír. —Es sólo una blusa…
—Puedes usar mi camiseta —se ofreció Bill. —Venga que rollo es todo esto —echó una vista a toda la habitación —por lo menos disimulen bien….el otro en el piso y Nessie despeinada…¡bf! ¿Se la estaban pasando bien?
—Hasta que tú llegaste —respondió Tom —Y anda corre con los deberes…Bill.
—Idiota —bufó Bill y se dio la vuelta —Por cierto, ¡tu camiseta tiene aplicaciones rosas!
— ¡Te voy a dar por el….! —Corrió hasta la puerta, pero Bill le cerró en las narices —Mierda, mierda….

Me eché de espaldas a la cama, soltando unas fuertes carcajadas.

Se giró y se me vino encima sin piedad, haciéndome cosquillas.

Unas lágrimas rodaron por mis mejillas, de tanto reír.

— ¡No! ¡Por favor! ¡Tom!

Permanecimos tumbados boca arriba, Tom se puso inquieto y empezó a juguetear con los pies, después de estar retozando y hablando de lo uno y lo otro, terminé por tomar un pequeño descanso junto a él.
Estiré los brazos al despertar y no estaba.

— ¿Tom?

No estaba.

—Bill y yo estuvimos preparando tallarines con salsa roja y queso parmesano. —Dijo Tom con tono dulce y surgiendo de repente, por la puerta.
— Genial —suspiré contenta —Me ruge el estómago —deslicé las manos, por encima de mi vientre.
—Te contemplé mientras dormías.
—Oh no…

Tomé mi ropa que reposaba encima de la cama y me cambié lo más rápido que pude, mientras Tom, esperaba sentado en la otra esquina de cama, tenía los ojos puestos en el lado contrario de donde yo estaba.

—Que tramposo…—farfullé —Eres un fisgón Tom.
—Pues no le veo nada malo, te he visto muchas veces.
— ¡ja!

Llevé puesta la camiseta de Bill, luego bajamos hacia el comedor. Bill arreglaba la mesa con esmero, enmarqué una sonrisa satisfecha, mientras observaba lo bien que pintaba todo aquella tarde.
Por lo menos mis piernas no quedaron ultrajadas, como aquella primera vez que volví a frecuentar la casa de los Kaulitz.

Me entusiasmó cuando Tom, tomó las llaves de su auto, y me llevó hacia él.

—Esto es un secuestro —dijo, con voz firme, abriendo la puerta del copiloto.
—ah…genial. ¿Bill no va?
—Creo que no.

Tom ponía cara de concentración, mientras manejaba.

—O rayos…—masculló por lo bajo.
— ¿Pasa algo? —pregunté.
—No, nada, sólo tenemos que pasar por una gasolinera.
—ah eso.

No había mucha gente cuando estacionó en la gasolinera, salvo un par de autos, y la chica que atendía. Tom simuló poniéndose la capucha, para no ser reconocido.
Nadie parecía haberse dado cuenta.

—Listo —dijo, disponiéndose a poner el auto en marcha, cuando una chica pasó por delante del auto.
— ¡Hey cuidado! —exclamó Tom.
—Lo siento —dijo ella, echando una mirada rápida hacia nosotros y pasó de frente, luego se dirigió hasta unos de los autos.
— ¿Y de donde se apareció?, casi le paso el auto por encima.
—No lo sé, pero todo está bien —le informé.

Tom miró por el espejo retrovisor con desconfianza y puso en marcha el auto.

—Esto es muy raro —murmuró Tom.
— ¿Algo malo?
—No lo sé, algo anda mal.

¿Mal? ¿Qué podía salir mal?... después de una tarde linda.

La preocupación se apoderó de mí, insistí en la conversación y Tom cambió de tema .No me quedó más remedio que seguirle.

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