—Será mejor que descanses —dijo con voz firme.
Suspiré frustrada.
—Como quieras.
¿Qué podía decirle ahora?, sin dar la impresión que también estaba convencida que algo andaba mal.
—Me Infundaste pánico por un momento —comenté, mirando hacia la ventanilla del costado y pareció darse cuenta a dónde quería llegar.
—Pienso que aquella chica se atravesó intencionalmente, lo hizo para ganar tiempo.
— ¿Ganar tiempo? —inquirí.
Me dedicó una sonrisa, como para simular que el tema carecía de importancia, y pasar de ello.
—Ideas mías, no pasa nada.
Una vez más suspiré con frustración.
—Como tú digas…
Presionó sus labios a mi mejilla, antes de verme bajar del auto, sin embargo no era suficiente para quedarme por lo menos un poco tranquila, así que repasé con la mirada sus labios y lo besé.
— ¿Te veré mañana?
—Mañana —dijo por fin.
Di unos pasos y oí partir a mis espaldas el auto.
Me obligué a mantener una apariencia habitual, para no llamar la atención de nadie, pero mi camiseta hizo más que eso.
—Esa camiseta me parece familiar —comentó Georg pensativo, deslizando los ojos por mi ropa.
Me detuve en el inicio de las escaleras, para verle.
—Es de…. —quise decirle.
— ¡De Bill!, claro—interrumpió —por cierto ¿Qué haces con la camiseta de Bill?
—Exacto.
— ¿Estuviste con él? —trató de saber…
—Si, en casa de Simone, ya sabes…
Georg preguntaba mucho, ¿porque yo no lo hacía también?
—Oye Georg —comencé, tomando un lugar, en uno de los muebles.
Se relajó, echando la cabeza hacia atrás y fue ahí que algo llamó mi atención y me distraje en ello, que olvidé lo que iba decir.
— ¡Georg eso es un chupetón! —le indiqué con curiosidad y él llevó sus manos a su cuello.
—Que va…debe se un bicho que me picó por ahí…
—Te digo que es un chupetón…y si yo lo digo es porque lo es…
Abrí la boca con exageración.
—No es cierto —insistió —y anda no te inquietes.
—Me inquieta saber quién es…
—Te digo que no es nadie…
—No, si lo es… —me acerqué a él — ¿Es una chica?
—anda aléjate, que me tapas…shu shu….
—Aha…déjame adivinar… ¿Pancracia? ¿Dorotea? ¿Venancia?
—No te digo que no, que feos nombres.
— ummm ah… ¡ya sé! ¡Exaltación! ¡Como la tataratatabuela!
—No.
— ¡Alicia!
— ¡No es Alicia! ¡Es Alyson! A-ly-son
— ¿Alyson? —me quedé quieta.
—Maldita sea…si si… ¿contenta?
—Hay…no podías decírmelo y ¿ya?
—No lo sé, ¡bah!...
Puso los ojos en blanco y regresé a mi sitio, pero no iba quedarme tranquila, sin antes darle lata con el asunto.
—Al chico lo cundió el amor…ohhhhhhh —dije, con tono tierno.
—Hombre, que cierres el pico que nadie se quiere enterar —replicó.
—Ya…ya que no es para tanto, me voy a dormir.
—Buenas noches.
El móvil replicó antes de que moviera los pies para levantarme, lo peor de todo es que Georg esperaba que contestase.
—Anda que contestes, que el sonido aburre..
—si si —tartamudeé — ¿Si? —contesté el móvil.
—Buenas noches princesa —dijo Tom del otro lado.
—O buenas noches, que duermas bien.
—Te amo.
Miré a Georg y respondí con emoción contenida.
—Si, si claro, yo también…sabes Georg está junto a mí y te manda saludos.
Rió.
—Genial, es por hobbit.
—si.
— Venga, te veo mañana.
—mañana.
Respiré aliviada.
—Yun sun, te manada saludos —dije a Georg.
Y me apresuré a salir disparada escaleras arriba.
— ¡no te creo! —gritó a mis espaldas. — ¡De seguro es tu novio secreto! ¡Y no me lo quieres decir!
— ¡Si! —respondí.
— ¡Lo sabia! ¿Lo conozco?
— ¡No creo!
Me encerré en mi habitación, hasta el día siguiente…mañana.
Aquel mismo día me sorprendió que Yun Sun telefoneara muy temprano.
—No lo vas a creer —dijo con voz excitada. —Tienes que verlo…
— ¿Ver que?
—Vamos que tienes que venir a mi casa, tengo que ver tu cara cuando lo veas.
No tenía la mente muy clara a causa del sueño, pero desperté y me alisté lo más rápido que pude y salí rumbo a su casa.
Por fortuna mi madre no estaba en casa y Georg tampoco. —hobbit debía de estar rumbo al estudio.
En cuanto llegué, la madre de Yun Sun abrió la puerta y Yun Sun apareció detrás de ella, tirando de mi brazo hacia su habitación.
— ¡Buenos días señora Kim! —exclamé.
Yun Sun encendió la pantalla de su portátil.
— ¿De que va todo esto? —pregunté, mosqueada.
—Las noticias corren rápido a través del Internet y sobretodo si se trata de una persona pública, me sorprende que no estés enterada.
— No se me da por entrar a navegar por la web —respondí.
— ¿De verdad no sabes, nada de nada?
—No.
—Pues mira.
Miré aquellas letras que resaltaban en la cabecera de aquella página.
— ¡¿Qué?!
—Mira la foto, eres tú.
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