miércoles, 9 de diciembre de 2009

CAPITULO_47_

Tomé posición del portátil, desplazando a Yun Sun de su lugar, y de inmediato maximicé la imagen del delito.

—Genial, esa soy yo…—murmuré, con voz de que el asunto no pintaba nada bien.

Con gran pesar recordé la cara de intranquilidad de Tom, en cuando aquella chica se atravesó frente a su auto.
Si captar nuestra atención era su objetivo, había hecho un buen trabajo, y la foto que destacaba en aquel artículo, hablaba por sí misma…junto a un atractivo título ¿hermana de Georg Listing o novia de Tom Kaulitz?
Aquello no afirmaba, ni negaba el supuesto romance, simplemente dejaba las conclusiones al gusto de los lectores y sobretodo de las fans, ya que un sin fin de comentarios se desplegaba por debajo del contenido, y leí uno al azar.

Tom es de todas, no de una…

—No, no esto no me puede estar pasando…—musité en voz baja, sin poder dar crédito a lo que acababa de ver.
— ¿Distinguiste los comentarios? —preguntó Yun Sun, con temor.
— ¿Comentarios? —Repetí —Algunos…
—Diría que Tom, tiene una súper multitud de niñas alborotadas, que no les hace gracia ver a su ídolo en manitas ajenas.

La miré con turbación.

—Pero hay un buen número, que se muestra a favor —añadió, con el fin de consolarme.
—Por un momento me figuré como único problema, explicar todo este lío a Georg, pero no supuse que una multitud de fans al ataque, estaba incluido dentro del paquete. —dije, apoyando mi cabeza a la palma de mi mano, que descansaba sobre el escritorio.
—No es por nada, pero te deseo suerte…
—La voy a necesitar, aunque mi destino es morir en manos de uno o del otro.
—Vamos no exageres, todo va salir bien.
—Sé muy bien lo que tengo que hacer, sólo espero poder hacerlo, si me dan tiempo claro, sobretodo Georg.
—Te dejará, ya lo verás, tu tranquila.
—Si, si muy tranquila, me siento como si estuviera condenada a muerte, con los pelos de punta y con muchas ganas de echar a correr.

Pude visualizar aquella escena desencadenándose en mi miente, proyectándose como en una película, en cámara lenta.
Georg como uno de los jueces de la inquisición, y un verdugo, que esperaba echar abajo la guillotina.

Un escalofrío recorrió mi cuerpo, “vamos, que no es para tanto”, repasé.

Yun Sun permaneció en silencio, observándome.

Respiré hondo y me levanté decidida, dispuesta a salir, acomodándome la chaqueta.

— ¿A dónde vas? —se apresuró a preguntar Yun Sun, saliendo tras mío.
—Al estudio.
—Espera que ya me alisto —dijo, mientras buscaba algo que ponerse.
—Ok —respondí.

Me rendí sobre el pequeño mueble y medité sobre algunas opciones, una de ellas, la posibilidad de desaparecer, que la tierra me tragase y asunto olvidado. No existo.
Pero sólo conseguí sentirme furiosa, aquello no serviría de nada.
Por un lado sentía enfado hacia los paparazzi ¿Es que no entendían el significado de la palabra “privacidad”?, por lo visto NO.
Y por otro lado, estaba enfadada conmigo misma, por ser tan necia y creer que lo tenía todo bajo control, sin saber que con darle largas al asunto, sólo había conseguido que las cosas se me salieran de las manos.

—Idiota, eso es lo que eres —me repetía una y otra vez. —una idota...
— Ya estoy lista ¿Vamos?
—Claro, al mal paso, hay que darle prisa. —suspiré.

En cuanto atravesamos aquel pasillo, que conducía al saloncillo del estudio, ví los problemas más cerca que nunca. Yun Sun apretó mi mano asegurando que todo saldría bien.

Le mostré una media sonrisa, como señal que estaba de acuerdo. Claro, decirlo era censillo.

Dí la vuelta a aquella pared y entré en acción.

“Tal como lo imaginaba” Fue lo primero que pensé al ver esas caras de seriedad clavadas en mí, Georg esperaba ahí, sólo él.

—Espero que hayas disfrutado, tomándome el pelo Nessie —habló Georg, advirtiendo mi presencia.

Lo miré sin saber que decir, sentía que palidecía.

—Mira Georg, no es lo que tu piensas…es sólo una amistad… —titubeé, mientras una voz interior me gritaba lo cobarde que era.
—Pensé que me dirías la verdad. —respondió él, empleando la misma seriedad con la que me había hablado antes. —No mientas más sobre tu digamos amistad con Tom, que lo sé todo.
—Georg yo te lo iba decir… —traté de justificarme.
—Pero no lo hiciste.

Su rostro reflejaba decepción.
Pasó de mi lado, casi rozándome los hombros.

Yun Sun que observaba todo desde un rincón, se acercó rodeándome con sus brazos.
Esta vez me odiaba a mí misma, por no haber sido lo suficientemente valiente, para dar la cara, y unas lágrimas de amargura se deslizaban por mis mejillas.

—Soy una cobarde —Sollocé mientras Yun Sun, paseaba suavemente sus manos, por mi hombro.
—Creo que no era el momento —susurró mi amiga, con voz dulce. —Siento no habértelo dicho antes.
—No te hubiera hecho caso —respondí, con voz entrecortada.

Sentí que unos pasos se aproximaban con cuidado, y posaban las manos sobre mi hombro.

—Déjalo estar un rato solo, no es fácil enterarse por medio de otros que tu mejor amigo está con tu hermana precisamente —escuché decir a Gustav, con voz era tranquila.

En ese instante agradecí el consejo de Gustav, que siempre tenía algo que decir en el momento preciso.
El chico tenía la habilidad para alivianar los problemas, pero lo mío, lo veía como algo más que una complicación o un problema.
Por unos segundos quedé sumida en el llanto, cuando lo recordé. — ¡Tom!

Sequé mis lágrimas, tanto como pude.

— ¿Gustav, qué pasó con Tom? —le pedí saber.

Gustav, intercambió una mirada con Yun Sun y luego se dirigió a mí.

—Tom se llevó la peor parte —respondió —Estuvo aquí desde muy temprano con Bill, cuando Georg vino y Dave exigió saber qué es lo que pasaba dentro del grupo, y se armó todo el lío, porque Georg no sabía nada de nada.
— ¿Qué pasó exactamente?
—Tom explicó todo, pero eso sólo enfureció los ánimos de Georg, que no dejaba de cantarle sus verdades.
—Todo esto es culpa mía. —me lamenté. —Yo le pedí a Tom que no dijera nada…
—Bueno, omitió esa parte.
— ¿Dónde esta?
—No dijo dónde iba, sólo sé que Bill iba tras él, después de ello, Dave se lamentó de haber metido el asunto de ese modo.
—Quiero verlo —fue lo último que dije, antes de salir disparada hacia la puerta.
— ¡Pero no sabes dónde está! —exclamó Yun Sun, a mis espaldas.

Hice caso omiso, y me fui.
Extendí el brazo para detener un taxi, pero una mano me detuvo agarrándome de la muñeca.

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