Llevé un trozo de pastel a mi boca, con actitud zombi, nadie se había atrevido a partir un pedazo después de hacerme soplar las dieciocho velitas por el día de mi cumpleaños. Simplemente lo habían puesto dentro del frigorífico, hasta que tuviera intenciones de probarlo, si es que lo llegaba a probar, porque me había retirado en dirección a mi habitación sin el propósito de salir de allí, hasta que ya no me quedaran más lágrimas, y bajara por un poco de agua.
Y ahora —un día después de mi cumpleaños—bajé por voluntad propia a la cocina, y estaba sentada ahí, con la mirada vacía, masticando sin fuerza un bocado de mi pastel de cumpleaños.
Una lágrima resbaló por mi mejilla, cuando imaginé el pastel de mi boda. Por un instante visualicé a Tom reposando su mano encima de la mía, para partir juntos nuestro pastel de bodas.
Yo llevaba un bocado a su boca y él hacía lo mismo, reíamos al tiempo que los invitados reclamaban un beso de los recientes novios, y entonces nos besábamos. Yo con emoción desbordante me colgaba de sus brazos, susurrándole que era la mujer más feliz del mundo y él decía que me amaba, todo tan perfecto como el final felíz de una película romántica, pero al pensar en mi historia, la mía era un drama.
Como todas las veces que imaginaba el día de mi boda, el panorama cambiaba abruptamente seguida por una de dolor y entonces volvía a comprender que aquello era sólo una ilusión de lo que pudo ser, porque todo había acabado.
Oprimí los ojos, conteniendo las ganas de echarme a llorar, porque las imágenes vinieron a mi mente con claridad.
El grito aterrador cuando la furgoneta se aproximaba a una gran velocidad para arrollarme, y la reacción inmediata de Tom al empujarme impulsivamente hacia el otro lado, después… su imagen tendida sobre el asfalto, con el rostro bañado en sangre.
Dejé caer una lágrima más al repasar aquellas escenas como si las viviera de nuevo, con dolor y desasosiego.
La gente acopiándose alrededor, la cara de Pierre cuando me vio pedir auxilio desesperadamente sobre el cuerpo de Tom, y a los pocos minutos la ambulancia, su cuerpo ensangrentado sobre la camilla, los murmullos que se confundían entre la gente, mi llanto desconsolado sobre Tom durante el camino al hospital suplicando que resistiese, que no me dejara sola, que recordara que tenía un anillo en mi dedo porque nos íbamos a casar, que lo amaba…Sus ojos entrecerrados contemplándome sin fuerza, y sus manos entre las mías.
Al llegar, el pabellón de urgencias, la figura de Bill surgiendo de repente, con el rostro alterado, después Georg abrazándome y tratando de calmarme, Yun Sun llorando junto a mí, Gustav junto a ella, los sollozos de Simone, mi madre corriendo de un lado a otro.
Pierre fue la gota que había colmado aquel momento de dolor, y antes de matarlo con mis propias manos le había advertido que se esfumara, porque si lo volvía a ver, no dudaría en matarlo, y así lo hizo.
Reí a medias recordando esa parte.
Finalmente la presencia del doctor acercándose a paso lento, para anunciar que el paciente no había resistido…que Tom había muerto.
—Hicimos lo posible por salvarlo…lo siento.
Entonces el grito desgarrador de Simone al escuchar aquella noticia y el llanto de Bill sobre el regazo de su madre.
No recuerdo muy bien que pasó después, sólo sé que desperté en una camilla, en un cuarto de paredes blancas, y a los pies estaba mi madre.
—Te desmayaste cariño —me dijo ella.
Al concebir la situación corrí inmediatamente hacia la sala donde estaba él.
Lo encontré cubierto por una sábana blanca, deslicé con miedo aquella tela y gemí al ver a Tom con los ojos profundamente cerrados y en su pecho… las huellas de la cardioversión eléctrica practicada para revivirlo vanamente.
Sollocé ahogadamente sin poder creerlo, aferrándome a su cuerpo sin vida, y no pude evitar gritar de dolor.
Georg y Gustav tuvieron que venir para serenarme, no lo podía olvidar.
—Sólo quiero hacer algo…—supliqué antes que me apartaran de él.
Y entonces me incliné para besarle.
No tenía fuerzas para decirle adiós en medio de aquella escena de dolor que se desató en su entierro, por lo que permanecí junto a Georg, escondiendo mi cabeza en su pecho, mientras esperaba que todo concluyera.
Al finalizar, encontré de espaldas a Bill, que no volteó en cuanto advirtió mi presencia, y me apartó de un manotazo indicándome que no me quería cerca. Aquella reacción había empeorado mi estado de ánimo y de alguna manera fulminado con mis esperanzas, Se volvió hacia mí, entonces pude distinguir su mirada sombría bajo su rostro empapado en lágrimas.
Desde ese instante permanecí días y días encerrada en mi habitación, sin querer compartir mi sufrimiento más que con mi soledad y mis recuerdos, que no me dejaban ni un solo instante.
Siempre era lo mismo en mi mente… su inconfundible sonrisa, el tono su voz, sus ojos, sus manos, sus brazos rodeándome, sus labios besándome, el calor de su cuerpo junto al mío…y el accidente.
— ¿Nessie? —interrumpió Georg mis pensamientos, y volví rápidamente a la realidad dejando por un tiempo mis recuerdos.
— ¿Deseas otro pedazo de pastel?
—Me asustaste Georg ¿Hace cuánto tiempo estás aquí? —Inquirí limpiándome el rostro.
—No mucho —articuló sin darle importancia al asunto —Me alegro que pruebes bocado, después de no probar bocado alguno estos días —Por cierto has comido una buena porción…casi la mitad —continuó él, con repentino entusiasmo.
— ¿eh? —No me había dado cuenta que lo había hecho.
Contemplé mi plato y sólo quedaban migajas, Georg puso encima de la mesa el pastel y se dispuso a seccionar otra tajada para ponerla sobre mi plato y se lo impedí.
—No, no te molestes….gracias, si deseas tú….
Logré balbucear antes de salir disparada hacia el baño y vomitar impulsivamente sobre el inodoro. Creí por un momento que mi estómago saldría por mi boca, y sentí pánico.
— ¿¡Nessie!? ¿Estás bien? —Preguntó mi hermano por detrás de la puerta.
—si…si —respondí débilmente.
Me levanté pesadamente para lavarme la boca y el rostro, y seguidamente miré mi reflejo en el espejo.
Ella era sólo la sombra de la que antes fui yo.
Las ojeras hundían mis ojos, y mi mirada era vacía y sin emoción alguna, mi rostro estaba pálido, no tenía el menos rastro de vida….
— ¿¡Nessie!? —insistió Georg.
—Todo está bien —le aseguré.
— ¿Te sientes mejor? —dijo Georg por detrás de mío, rodeándome por la espalda.
Asentí levemente, girando hacia él.
—Lo siento —me abrazó aún más fuerte contra él. — ¿Hay algo que pueda hacer…?
Negué con la cabeza.
—Estoy bien.
Y antes que las ganas irreprimibles de llorar ganaran terreno me liberé de sus brazos dedicándole una sonrisa a medias.
Se quedó con el rostro contrariado mientras me alejaba de él, escaleras arriba.
Subí a mi habitación y al cerrar la puerta a mis espaldas, me dejé caer al piso, rodeando mis piernas con mi brazo y hundiendo mi cabeza entre ellas.
Ya no quedaban lágrimas, sólo sollozos mudos, mientras volvía a mi mundo de tristeza y melancolía, donde todo estaba acabado.
Un pensamiento cruzó repentinamente por mi cabeza y sin perder tiempo me levanté decidida.
Encontré con facilidad dentro del armario prendas apropiadas para salir de casa, avivé mi rostro con un poco de brillo en los labios y delineador en los ojos.
Georg se ofreció de voluntario en cuanto percibió mis intenciones de salir, para llevarme donde yo quisiera, prometiendo no decir nada durante el camino, sólo acompañarme y asegurarse que estuviera bien, pero rechacé amablemente su servicio. Asintió comprendiendo mis deseos de soledad.
—Te quiero mucho Hobbit —dije antes de salir.
Estiré el brazo para detener un taxi. El conductor preguntó el destino y respondí secamente.
—Al edifico más alto.
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